31.12.11

El fin del año del conejo

Como me he venido a Kioto a comerme las uvas, pues me he adelantado ocho horas a su apresurada deglución.  Recuerdo haber visto el verano pasado por aquí unas uvas negras enormes, que nos iba a resultar imposible ingerir en doce segundos, de modo que me he traído unas latitas que las traen contadas, peladas y des-semilladas.
El año que acaba no ha tenido desperdicio para mí y para los que me rodean: operaciones renales, viajes, tsunamis, terremotos, traslados domiciliarios intercontinentales, más viajes, publicación de libro, publicación de libros de amigos, futuribles cambios laborales, bodas, recitales, revoluciones digitocallejeras, publicación de artículos y poemas sueltos, más operaciones, cambio de gobierno, conferencia en Japón, fin del terrorismomás viajes, minigiras de grupos musicales cercanos, embarazos y nacimientos...  Doce meses mucho más intensos que la media de los últimos diez o veinte.
Deseo que todos los lectores y lectoras de este blog entren con buen pie en el año del dragón y que cuando se coman las uvas dentro de 365 días se miren, comprueben que están todos y que tienen salud (la suficiente), dinero (procedente de trabajo por cuenta ajena o propia) y amor (ese informal, que dijo Benedetti).
Shinnen akemashite, omedeto gozaimasu (feliz año nuevo)
Bodegón de nochevieja hispanonipón

25.12.11

Verba volant á Paris


Haciendo tiempo para el vuelo oigo un retazo de conversación en francés. Es un señor que pasa como yo el día de Nochebuena por el aeropuerto Charles de Gaulle: "La famillie c´est terrible". El 24 de diciembre los aeropuertos son terribles. 
Aquí van algunas fotos del viaje Málaga-Osaka:

Aeropuerto de Málaga 5:00 a.m.

Indigente, viajero y escuálido can en Charles de Gaulle

Panel de vuelos

Anuncio sobre mangas y luchadores de sumo

Interior abovedado en madera

777 París-Osaka

22.12.11

Sirius bajo Orión

Esta noche final de trabajo docente y administrativo, después de siete tardes de reuniones, informes, actas y boletines, he vuelto a mirar el cielo y allí estaban esperándome Sirius y Orión, tan tranquilos, tan ajenos a nuestros afanes y pequeñas circunstancias humanas.  He cogido el móvil y sin más (sin telescopios, sin cálculos, sin paciencia), he sacado esta foto, apenas visible, pero muy relajante y significativa.

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20.12.11

Dos anécdotas docentes

Sumido como estoy en el vendaval del final de trimestre, pues ando más por aulas, despachos y pasillos que por casas, calles o supermercados.
En ese contexto he vivido dos momentos reseñables.
1.- En la sesión de evaluación de un grupo bilingüe los alumnos entraron a dar su opinión sobre ellos mismos y los profesores.  Cuando acabaron, dieron las gracias y se iban a retirar, pero una profesora que imparte las clases en inglés (y que no es de la asignatura de inglés) les pidió que volvieran a dar las gracias usando esa lengua en la que están trabajando.  Y la alumna, sin cortarse un pelo, empezó a hablar sin el más mínimo (y famoso) pudor hispánico.  Lo que me agradó no fue la mayor o menor fluidez o corrección gramatical con que se expresó, sino la plena e inmediata disposición a hacerlo, que, como se sabe, es más de la mitad de lo que se necesita para conseguir las cosas en la vida.  Es el fruto de mucho esfuerzo por parte de la administración, del centro, de los compañeros que explican en inglés sin ser licenciados en filología inglesa, de los alumnos/-as y de sus padres.
Moraleja: recomiendo a todos los padres y madres que tengan hijos en edad de entrar en enseñanzas bilingües de centros públicos que aprovechen la ocasión.  Dicen (no tengo tiempo ni para leer el periódico) que el próximo gobierno va a fomentar e incrementar el bilingüismo.  No seré yo el que haga oposición a este respecto.
2.- Llego a mi clase de 2º de ESO y me encuentro al alumnado excesiva y sospechosamente callado y concentrado en la lectura de sus respectivos libros, a la que dedicamos los quince primeros minutos de todas las clases, dentro de un ambicioso y fructífero "Proyecto de jóvenes lectores".  Al llegar a la mesa entre tan erudito e infantil silencio encuentro una cuartilla escrita a mano.  El alumno que estaba más cerca de la mesa miró de reojo para ver si yo la veía.  Se trataba de una escrito que me elevaban para solicitar un cambio de fecha de examen en estos términos:
"Profesor Ángel Montilla:
Los alumnos de 2º F hemos coincidido en la opinión de cambiar el examen de sintaxis para después de las vacaciones de Navidad, debido a que queremos estudiarlo mejor y con mayor tranquilidad.
Saludos.
Firma del delegado"
Ni que decir tiene que ante semejante corrección cívica, caligráfica, ortográfica, léxica y morfosintáctica, la petición ha sido atendida y aceptada.

18.12.11

Del simbolismo de la cera

La cera es un producto simbólico de la naturaleza, como las águilas, las serpientes, los dragones o las flores de lis (o lirios).  Se usa mucho en los templos de diversas confesiones, en las bañeras de ejecutivas estresadas y en alguna parte del refranero castellano, aunque también tiene aplicaciones más prosaicas (como erradicador de vello, abrillantador de suelos o taponador de los conductos auditivos).
Quizá el uso más curioso que se da a la cera es el de material artístico para recrear figuras humanas.  Frente a la inmortalidad del mármol o del bronce, existen efigies de cera, las cuales por razones térmicas no pueden estar en medio de una plaza, por lo que se colocan en unos lugares llamados museos de cera.  Estas figuras suelen colocarse a nivel del suelo porque su mayor gracia consiste en su cercanía al público, su accesibilidad.  La gente va y se hace una foto con Michael Jackson o con Napoleón o con Santa Teresa de Jesús y ya retorna feliz a su mundo de asfalto y plástico.  El espectador disfruta de una falsa intimidad con las grandes figuras de la historia y el papel cuché.
Dicen que en el de Madrid retiraron en su momento a Marichalar y que han trasladado a Urdangarín junto a los deportistas de élite.  Se rumorea que quizá más pronto que tarde acabe en un horno y que su cera se recicle para dar forma a nuevos personajes igualmente importantes, igualmente deleznables.
He aquí el otro gran simbolismo de la cera.

17.12.11

Deconstructing Christmas IV


Cuando arrecia el frío el personal tiende a juntarse, como los pingüinos emperador en la Antártida.  Nos echamos a las calles a hacer cola en cualquier lugar (circos, compras, belenes, congas, devoluciones de regalos) y abominamos de la soledad, como algo intrínsecamente funesto. Estas aglomeraciones momentáneas de empresas, familias, pueblos y naciones lleva en ocasiones a unificar también las voces formando coros. Y ahí hacen su irrupción estruendosa los villancicos, cantos atávicos, paleolíticos casi, pastoriles, con letras incomprensibles ("su molinillo y su anafe"), dadaístas-deconstructivistas ("yo me remendaba, yo me remendé, yo me eché un remiendo, yo me lo quité") o surrealistas ("hacia Belén va una burra, cargada de chocolate, debajo un chocolatero, rin, rin...").  La instrumentación es igualmente primitiva y arcaizante.  Predominan los instrumentos de percusión o fricción, que no necesitan afinación, estudios previos ni partituras.  De entre todos destaca la zambomba, muy del gusto de los psicólogos freudianos, y la botella de anís percutida, a cual más enervante y dodecafónica. Semejantes escandaleras, disarmonías y euforias desgañitadoras  parecen provenir de una antigua costumbre que practicaban los romanos, consistente en hacer el mayor ruido posible para ahuyentar a los espíritus que regresan del más allá para hacernos el más acá imposible.
Los suaves, cultos y melodiosos villancicos que no responden a este esquema (O Tannenbaum, Silent night, etc.) nunca cuentan con el apoyo popular del "zum, zum, zum" ni del "abajaban los pastores".  Son más bien la banda sonora de los grandes almacenes y de las películas con tanta nieve que hacen en verano en la soleada California.

16.12.11

Serendipia músicocinematográfica

La oferta consumista del capitalismo es infinita.  a.- Hace una semana fui a comprar manzanas a un supermercado de origen alemán y acabé con un ukelele en el carrito.  Es una de mis manías más caras, coleccionar instrumentos musicales, casi siempre de cuerda.  Dada mi experiencia previa como guitarrista mediocre y pésimo bajista, me hice con los acordes de este instrumento muy rápidamente.

b.- Esta tarde he estado navegando en busca de vídeos interesantes y he dado con algunos memorables de Groucho Marx en su época de anciano y también he rememorado la famosa escena del camarote de Una noche en la ópera.

c.- Después me he ido al sofá a practicar con el ukelele y he puesto la tele como fondo luminoso.  En esto que aparece Jack Lemmon, al que acaba de ver entregándole a Groucho Marx el Óscar a toda su carrera.  Está vestido de mujer metido en la litera de un tren nocturno.   Todos ya saben de qué película se trata, aquella en la que Marilyn Monroe toca... ¡el ukelele!: Con faldas y a lo loco (Some like it hot).  Están los dos solitos bebiéndose el güisqui que le han robado a Tony Curtis, pero empiezan a llegar las otras chicas de la banda y la litera se convierte... ¡en el camarote de los hermanos Marx!
No sé si esta anécdota tiene ningún orden, sentido ni moraleja.  Nadie es perfecto.

11.12.11

Aliena verba

El otro día, cuando fui a ver la película sobre Shakespeare, subrayé la tarde literaria comprándome un par de libros baratos en una de esas tiendas/tenderetes que se han instalado en los espacios abiertos de los centros comerciales.  Se ve a las claras que están pensadas para estudiantes sin dinero y para familiares que no saben qué regalarle a alguien cuyo cumpleaños habían olvidado.
Uno de las compras fue el Tao Te King, que ya tenía en otra versión pero perdí.  Es un libro sorprendente, como aquel del que hablaba Borges.  Lo abras por donde lo abras, lo leas como lo leas y cuantas veces lo leas, siempre te ofrece algún fragmento con el que tienes para pensar un par de horas o más.
Hoy me he encontrado este que tanto se puede aplicar al consumismo, al comunismo, al capitalismo, al imperialismo, al relativismo, al aeromodelismo, al catolicismo o al ecologismo. Da lo mismo.

XXIX


Conquistar el mundo y quererlo manejar
no se puede conseguir.
El mundo es un recipiente sagrado
que no se puede manipular.
Quien lo maneja lo ensucia.
Quien lo pretende retener, lo pierde.
Las cosa unas veces van delante y otras detrás.
Tan pronto son fuertes, como se vuelven débiles.
Tan pronto andan por arriba, como se estrellan.
Por eso evita el sabio el exceso,
la prodigalidad y la magnificencia.

10.12.11

Deconstructing Christmas III

Caganet y manzana del pecado original
Los tres grandes tabúes de la humanidad (lo verde, lo negro y lo marrón, es decir, el sexo, la muerte y las funciones excretoras) son pasto tanto del eufemismo como del disfemismo.  Que no cunda el pánico, que ahora lo explico.
Cuando no se quiere decir "folgar" (o cualquier otro verbo iniciado con f para designar el coito), se eufemiza con "acostarse" o "hacer el amor".   Esta expresión siempre me ha parecido especialmente estúpida e injusta.  No se "hace" el amor, como quien hace un crucigrama o una tarta de manzanas.  Además, el amor se puede construir de muchas formas posibles, sin necesidad de que exista trasvase interpersonal de fluidos.  Por el contrario, si se busca ser desagradable, pues echamos mano de los poetas del andamio hispánico, con sus "mirando a Cuenca", sus "trajes de saliva" y otras lindezas.
Para la muerte existe un repertorio igualmente amplio, que va desde el "ha fallecido", el "no está con nosotros", hasta el disfémico "ha estirado la pata", "el fiambre" o el "ya está criando malvas en el patio de los callados".
Cuando llega la navidad, una pequeña figurita incide en el disfemismo coprofílico, el caganet.  De todas las posibles personas y momentos de aquella singular noche, los artesanos y el público en general gustan de presentar a este personaje en una de las posturas más oprobiosas en las que se puede pillar a un ser humano.  Hay algo infantil, irreverente y no sé si freudiano (Freud también dijo muchas tonterías) en hacer, comprar, mirar y adornar la casa con un hombre defecando a veinte centímetros del Mesías.  Será que, como se celebra el nacimiento de un niño, es normal que haya incontinencia de esfínteres y que resulten también incontenibles las ganas de reír por cualquier cosa.
El caganet libera estas fiestas del lastre excesivo de empalagosamiento, niños bien peinados, dulces cariantes, anagnórisis turroneras, mazapanes hiperglucémicos y demasiadas buenas voluntades.
El caganet y la botella de anís del mono.

El final del otoño en Kioto

Cuenta nuestra corresponsal que ya llevan un par de días levantándose a tres grados bajo cero.  Los montes que rodean la ciudad están empezando a recibir las primeras nieves.  Así que los arces y otros caducifolios están alfombrando parques y templos.










8.12.11

Deconstructing Christmas II

La gente, cada vez menos versada en asuntos teológicos, piensa que el día 8 de diciembre se celebra la concepción de María por parte del Espíritu Santo, cuando lo que se conmemora es algo más sutil e inverosímil: que María es la única persona no contaminada (sin mancha, in-macula) por el pecado original de Adán y Eva, circunstancia que le permitió ser el canal o receptáculo del hijo de Dios.  La Iglesia no estableció este dogma hasta 1854 en la bula Ineffabilis Deus, aunque era ya una antigua creencia que sirvió de arma arrojadiza para Lutero en el siglo XVI.
Pero entre tantas bombillitas chinas colgadas de los balcones, nos acordamos más de la también inmaculada y controvertida concepción del hijo de María, por parte de una paloma o un ángel, que tanto montan.
Todos los años al llegar esta fecha me acuerdo de un chiste de Fernando Savater: "De la primera fertilización in virgo nació el primer niño profeta".  Muy gracioso, pero no es históricamente correcto. Veamos estos casos precristianos. El dios frigio Attis nació de la virgen Nana un 25 de diciembre. Maya fue concebida en un sueño por un elefante blanco y nueve meses más tarde nació el Buda, el iluminado, que se puso a hablar en ese mismo momento. Krishna nació de la virgen Devaki y hasta hubo una voz celestial que le advirtió al rey Kansa de que el niño lo destronaría.
Para remate a posteriori de esta serie está Anakin Skywalker, quien, según se cuenta en el Episodio III (La venganza de los Sith), nació de la virgen Shmi.
Las fes siempre han tenido que salvar este problema esencial: hacer trascendente lo intrascendente, convertir en divinas a ciertos mortales; en especial, lo cotidiano; en mágico, lo vulgar...  Parece que el afán de trascendencia es un instinto natural del ser humano desde que algún homo, junto al cadáver de un familiar y a modo de amuleto para la nueva vida, colocó primorosamente unas conchas.
Por cierto, felicidades para Concha, Conchi, Conce, Inma...

6.12.11

Deconstructing Christmas I


Con motivo de la celebración de la primera fiesta del fiestero mes de diciembre, inauguro esta serie de entradas robándole el título a aquella película de Woody Allen (1).
Trataremos en esta ocasión dos cuestiones previas.

1.- La primera sucede un mes (o más) antes de que la cosa sea en sí: el encendido del alumbrado.  Es una costumbre antiquísima la de añorar lo que no se tiene, así que cuando llega el equinoccio de invierno, se suple la falta de luz con velas, leds, bombillas, neones y farolillos de papel.. Dicen los psicoeconomistas (esos que daban triple A al banco más carcomido por los créditos basura) que las guirnaldas, papanoeles y muérdagos gigantescos animan a las compras y regeneran el tejido comercial de las ciudades. No lo sé, si lo dicen ellos, por algo será (quizá a cambio de una cesta con caviar y espárragos navarros). El fenómeno es tan contagioso que alcanza a países no muy cristianos, como Japón, donde este año han conseguido iluminar un barrio con aceite reciclado de las cocinas de sus habitantes.

 2.- La segunda es la fuente más importante de conflictos personales, familiares e intergeneracionales: ¿dónde vamos a celebrar qué?
Hace unos días oí a la cajera de un supermercado hablar con una de las clientas sobre este famoso asunto.  Empezó como una conversación cuasi anodina, pero, a medida que las latas de atún pasaban por el escáner, la tensión iba en aumento:
--Pues yo, como se ponga así, me quedo en mi casa en pijama.
--Pues yo no estoy dispuesta a hartarme de fregar platos el día uno.
--Pues mi marido dice que su madre está muy mayor y tenemos que ir allí, pero yo es que a su hermano no lo aguanto, y a su mujer menos.
--Y al cotillón del año pasado yo no voy ni loca.  Nos clavaron con tanto garrafón y esos churros congelados...
--Y mi hija se larga en cuanto suena la última campanada.  Y mira que le tengo dicho que es una falta de respeto grandísima darle besos a la gente con la boca llena de uvas.

1.- Deconstructing Harry.

4.12.11

La transacción

Al parecer no oímos bien todo lo que se habló a mediado de los setenta. Creíamos que estábamos haciendo la transición, pero era la transacción. Yo te dejo existir, votar, quitar águilas, flechas y yugos y tú me dejas (descansar) en paz y un pazo.
Muchos caídos en el valle y no caímos en eso: que todas las dictaduras acaban con los dictadores exiliados (Aristide) o juzgados (Pinochet) o tiroteados (Gadafi) o autotiroteados (Hitler) o colgados por los pies (Musolini).
Aquí somos más de ajusticiar dramaturgos (Muñoz Seca, Lorca) y exiliar escritores (Juan Ramón, Machado, Sender...).
Spain is very different.

3.12.11

Nubofilia

He aquí algunas fotos de nubes tomadas esta misma tarde. En la primera se ve la luna debajo de una nube que parece...






Verba volant y Nicanor Parra

En esta entrevista se pueden cazar varias ideas con las que simpatizo totalmente, sobre todo esa de pescar "cosas que andan en el aire" (verba volant).
http://www.elpais.com/articulo/portada/aire/poeta/elpepuculbab/20111203elpbabpor_3/Tes

1.12.11

Serendipia poético-psicoanalítica

Esta tarde se ha hecho justicia en el restringido y elitista mundo de la poesía. La concesión del premio Cervantes a Nicanor Parra es para mí (y para muchos) un momento muy especial. La antipoesía del chileno siempre fue un motor para mi propia creación. Entender que el lenguaje poético es algo más que los endecasílabos, la melancolía existencial, la melancolía amorosa, los melancólicos paisajes más o menos decimonónicos, la melancólica Venecia o el ensayo hecho verso melancólico es algo inherente a mi genoma poético. Como profesor he intentado respetuosamente (quizá demasiado) desacralizar la Cultura con mayúsculas, acercar la creación, la creatividad, la novedad y la sorpresa a las anodinas bancas de los alumnos y alumnas, atrapados en una red de imágenes, bits e ideas polvorientas y preconcebidas. Así que cuando puedo o viene a cuento les suelto andanas como esta:

Los Profesores

Los profesores nos volvieron locos
a preguntas que no venían al caso
cómo se suman números complejos
hay o no hay arañas en la luna
cómo murió la familia del zar
¿es posible cantar con la boca cerrada?
quién le pintó bigotes a la Gioconda
cómo se llaman los habitantes de Jerusalén
hay o no hay oxígeno en el aire
cuántos son los apóstoles de Cristo
cuál es el significado de la palabra consueta
cuáles fueron las palabras que dijo Cristo en la cruz
quién es el autor de Madame Bovary
dónde escribió Cervantes el Quijote
cómo mató David al gigante Goliat
etimología de la palabra filosofía
cuál es la capital de Venezuela
cuándo llegaron los españoles a Chile.


Pues bien, la serendipia ha consistido en que esta tarde he ido a ver Un método peligroso, una película fallida en el guion, porque intenta explicar de forma poco verosímil la oposición del pensamiento psicoanalítico de Freud con el de Jung. Y la gracia está en que en una escena Jung le cuenta un sueño que ha tenido a Freud y este (cómo no, quién mejor que él) lo interpreta diciendo que no sé qué madero que sale en el sueño es un enorme símbolo fálico. De momento me ha venido a la memoria aquel poema de Parra con el que tanto nos reímos allá por los ochenta.

En las obras de Freud es donde vienen
las afirmaciones más peregrinas.

Según este señor
los objetos de forma triangular
--plumas fuente, pistolas, arcabuces,
lápices, cañerías, guaripolas--
representan el sexo masculino;
los objetos de forma circular
representan al sexo femenino.

Pero el psiquiatra va más adelante:
no solamente conos y cilindros
casi todos los cuerpos geométricos
son para él instrumentos sexuales
a saber las pirámides de Egipto.

Pero la cosa no termina ahí
nuestro héroe va mucho más lejos:
donde nosotros vemos artefactos
vemos, digamos, lámparas o mesas
el psiquiatra ve penes y vaginas.
[...]
Vemos un dios clavado en una cruz
un crucifijo es un símbolo fálico.
Nos compramos un mapa de Argentina
para estudiar el problema de límites
toda Argentina es un símbolo fálico.
Nos invitan a China Popular
Mao Tse-Tung es un símbolo fálico.
Para normalizar la situación
hay que dormir una noche en Moscú
el pasaporte es un símbolo fálico
la Plaza Roja es un símbolo fálico.

Así que les recomiendo encarecidamente la lectura o relectura de los antipoemas de Nicanor Parra y les desaconsejo que gasten su dinero en la entrada para ver el biopic de los psicoanalistas. Cuando la pongan en la tele, la coloquen en las estanterías del videoclub o alguien la baje legalmente de la red, podrán disfrutar de algunas tomas y movimientos de cámara o de la interpretación de Keira Knightley.
Nos queda la duda de saber qué simbolizarían para Freud los puros que fumaba y succionaba.

29.11.11

Verba volant

Esta tarde varias personas hemos sido testigos de la siguiente escena.
Un niño marroquí se acerca a la mesa del bar donde estábamos saboreando un delicioso chocolate con churros. Vendía pan árabe. Tenía buena pinta, pero ninguno de los presentes se decidió a comprarle nada, a pesar de que nos decía inocentemente: "Llévatelo y mañana me lo pagas".
De pronto, un señor que estaba en la mesa de al lado me pregunta: "¿Qué vende, pan?". Yo le digo que sí. Se levanta y le da un billete de cinco euros al niño. Este le da una bolsa con el pan, pero el hombre le dice: "Quédate con los cinco euros. Yo vivo solo y no como pan". El niño se quedó perplejo mirando a su benefactor. Insisitió, pero el hombre siguió sin aceptar el trueque comercial, así que el niño se acercó a nuestra mesa y nos dijo que nos lo lleváramos nosotros. Tampoco lo aceptamos.
El pequeño vendedor siguió su camino intentando vender el pan que ya había vendido.
Moraleja: a sobra de pan, buenas son las intenciones.

28.11.11

Película recomendada

Anonymous, dir. Roland Emmerich

Acabo de llegar del cine y quiero recomendarles esta película antes de que el torbellino de la vida me succione. Su mérito es múltiple: magníficos actores, excelente puesta en escena (efectos, montaje, vestuario) un buen guion y una idea atractiva, William Shakespeare como fraude o tapadera. Es una vieja idea que ya sacaron a la palestra Twain, Dickens y Henry James. Mucho mejor que otros acercamientos a la vida del supuesto autor de Hamlet, como aquel empalagoso Shakespeare in love (lo siento por sus acérrimas partidarias, pero es lo que pienso).
Por suerte para España, nunca se ha dudado de que Cervantes escribiera lo que escribió, a pesar de tener un brazo inutilizado y de decir que él solo estaba traduciendo el Quijote del árabe.

NOTA: Un pequeño anacronismo, al menos en la traducción. Se dice que Romeo y Julieta es una obra "romántica", cuando el Romanticismo fue un invento anglogermanístico que tuvo lugar unos doscientos años más tarde.

27.11.11

Elogio de la niebla

En ocasiones añoro la niebla. Me pasa sobre todo cuando llegan varios días de otoño o invierno demasiado transparentes y cristalinos, en los que casi duelen las pupilas del la luz que reflejan las fachadas de los edificios y los cristales de los coches. Como la nieve, no es un fenómeno atmosférico que se dé mucho por estas soleadas tierras, de ahí que no la considere una amenaza para mis actividades o mi integridad personal.
La niebla tiene un poder igualatorio que solo comparte con la muerte y, quizás, la lotería de navidad. La niebla anula, oculta, resume, concentra, desdibuja el mundo. Nos deja solos en medio de una calle o de un parque que dejan de existir, para que seamos más conscientes que nunca de nuestra propia existencia.
Contra tanto neón, tanta insidia publicitaria, tanta llamada de atención, tanto píxel, tantas inquisiciones/interrogatorios y tanta estridencia televisiva o internáutica, viene bien un borrón y una cuenta nueva. No saber qué hay dos pasos más allá nos obliga a reinventar el mundo.
En el pasado la noche cumplía esta misión renovadora, con sus largos silencios invernales, su intensa y natural oscuridad. Pero los tiempos que corren la han atestado de fiestas, de farolas, de leds, de programas de teletienda, de vecinos que regresan de parrandas, de sirenas y otros monstruos devoradores.
Hasta que los chinos inventen una máquina ad hoc que la disuelva, solo nos queda la paz húmeda de la niebla, como un útero meteorológico. En ella somos casi abstractos (Unamuno lo supo), perfectos espectros que albergan la vana esperanza de que todo haya cambiado a mejor, cuando vuelvan los perfiles, los colores y las tres dimensiones (o las cuatro, si contamos el tiempo perdido sin poder ver los relojes).

Libro recomendado

What I talk About When I talk About Running (De lo que hablo cuando hablo de correr), Haruki Murkami.

Este señor tiene la virtud de hacer verosímil lo inverosímil e interesante lo que no me interesa.
El libro trata de lo que dice el título que trata (1), de correr. Murakami, aficionado a este clásico y solitario deporte (desde la batalla de Maratón), reflexiona con claridad y amenidad sobre el valor de enfrentarse al reto de la constancia y de la superación, sobre los límites de la voluntad y del dolor. Todo sin apologizar ni ponerse en plan salutífero. Todo lo contrario, nos cuenta con tal vividez los sufrimientos corporales, que entran más ganas de quedarse tumbado en el sofá leyendo después lo que sea, la guía de teléfonos o el Tractatus de Wittgenstein.
La parte más interesante (para mí, claro) se encuentra cuando compara la soledad del corredor de fondo con la del novelista. Los escritores (y los que quieran o tengan previsto serlo) pueden aprender mucho sin tener que correr cada mañana veinte kilómetros por las carreteras de Hawai, los parques de Tokio o la ribera del río Charles (aquel al que Dámaso Alonso le dedicó un memorable poema).
Ahí va un par de citas traducidas a my way:
En esta parece un avatar de Santo Tomás (el apóstol).
"Soy la clase de persona que tiene que experimentar las cosas físicamente, tocándolas más bien, antes de tener un sentido claro de ellas. No importa lo que sea. Incluso si las he visto con mis propios ojos, si no las toco, no estoy convencido. Soy un tipo de persona físico, no intelectual".
Aquí hace una propuesta sorprendente y excitante:
"Cada día dejo de escribir justo en el momento en el que siento que puedo escribir más".

Lo he leído en inglés porque es el último resto de aquellas circunstancias que ya conté en su momento, pero está traducido al español.
(1) El título es una versión del de un libro de cuentos de Raymond Carver, What I Talk About When I Talk About Love.

26.11.11

Templos y arces rojos de Kioto

Avanza la temporada y el rojo crece en los arces (pasando antes por el amarillo). Nuestra corresponsal se escapa algunas tardes y hace estas fotos con su móvil, aquel que perdió en el tren y luego le devolvieron por correo.
Nota técnica: las fotos se ven mucho mejor si se toca sobre ellas y se abre la caja negra.

















22.11.11

El Monte Coronado explicado a los japoneses

He enviado al blog Paralelo 36º de Osaka este texto en el que explico el nombre de este otro blog que ahora están leyendo:

"Como saben los lectores de "Paralelo 36º", en España publico un blog que se titula "Monte Coronado". Quisiera contarles la razón de este nombre y para ello me tengo que remontar hasta mi infancia.
Corrían los años finales los sesenta. España era un país en blanco y negro, que iba tomando color gracias a los turistas y a la decadencia natural de un régimen político, el franquista, que carecía de futuro en el contexto de la nueva Europa unificada. La gran expansión económica que siguió a la Segunda Guerra Muncial llegó a España tarde, pero llegó. Las ciudades crecían, la población crecía y ya no era posible vivir en aquellas pequeñas ciudades pueblerinas, que parecían casi del siglo XIX. Fueron los tiempos del baby boom. Nacimos muchos, demasiados, en aquella época y el gobierno tuvo que hacer barrios a marchas forzadas. Eran lugares fantasmagóricos, modernos y muertos al mismo tiempo. Alejados de los centros históricos y de trabajo, rodeados por la nada, sin infraestructuras deportivas, sin bibliotecas, sin médicos ni hospitales, sin tiendas. En español tenemos varias expresiones para indicar dónde se encontraban estas aglomeraciones humanas: la Cochinchina, el quinto pino o quinta puñeta, donde Cristo dio las tres voces... Era un limbo con forma de bloques de cinco plantas sin ascensor para la nueva clase medio-baja urbana. Mi barrio estaba allí, lejos de todos lados. Limitaba al este por un río que casi nunca llevaba (ni lleva) agua; al norte, por el campo, el fin de la civilización; al sur, por una finca abandonada que limitaba con el campo de fútbol, y al oeste, por el Monte Coronado. Otros, los mayores sobre todo, lo llamaban "cerro", como dando a entender que era un monte pequeño y sin importancia, uno más de los que rodean la ciudad de Málaga. Sin embargo, para los niños era un lugar mítico, mágico y enigmático. Cada tarde el sol se ponía tras él y en los días secos de poniente su silueta se erguía sobre las casas como un monstruo amenazador. La estructura plana de piedra que estaba en su cima le daba el aspecto de un sombrero, de un incomprensible resto arqueológico, de la corona de un rey desconocido. Circulaba fervientemente en nuestro barrio (y en otros cercanos) la teoría de que el Monte Coronado era un volcán. Nadie podía quitarnos esa idea de la cabeza. La corroboración llegó el día en que comenzaron los trabajos de explotación de la cantera de piedra caliza. Una empresa se propuso extraerla de la "corona" y para ello tuvieron que llevar a cabo diversas explosiones. Puedo asegurar que una mañana de invierno vi volar unas rocas enormes, como huevos prehistóricos, que saltaron hacia el cielo desde la cima y rodaron por la falda hasta acercarse a las casas. Los setenta fueron en muchas partes del mundo los años del fenómeno O.V.N.I. Revistas, televisiones (bueno, la única televisión que entonces teníamos en España) radios y periódicos se hacían eco de avistamientos, contactos y abducciones, protagonizados por los misteriosos y esquivos visitantes del espacio exterior. Esta leyenda urbana fue profundamente asimilada por todos nosotros y llegamos a la conclusión de que si el Monte Coronado no era un volcán, al menos los más escépticos tenían que reconocer que sin duda era una base extraterrestre. Las luces de la cantera, que se mantenían encendidas durante la noche, lo confirmaban. Pero el monte no era solo un espacio sagrado que observábamos en la distancia. Era también el territorio de arriesgadas expediciones infantiles. Un par de veces alcancé su cima, una hazaña que repetíamos durante semanas en los recreos del colegio o en las larguísimas tardes del verano andaluz. La vista desde allí era espectacular. El barrio a nuestros pies y en la lejanía, la ciudad, con sus tejados marrones y sus chimeneas decimonónicas alrededor de la única torre de la catedral, a la que llaman La Manquita. Y más allá, los barcos, el puerto y la cinta azul (o gris, dependiendo del color del cielo) del mar Mediterráneo. No puedo asegurar que se viera África, pero seguro que alguno creyó verla. En la parte más baja de la falda del monte, justo antes de que empezaran las casas, había un terreno casi llano que albergaba un lago. Más bien debería llamarlo charca. En él solo había ranas, renacuajos y chatarras que la gente tiraba sin ningún tipo de pudor cívico. Los más osados y acalorados osaban bañarse en su turbias aguas, a riesgo de contraer una docena de infecciones de la piel o algo peor. Muchos años después mi profesor (y maestro en el mundo de la literatura y la docencia), Julio Calviño, incluyó en su libro Múltiplos de cero un relato titulado "Macario", nombre del protagonista que, marginado por sus compañeros de instituto, acababa invadiendo las aulas con un ejército de ranas procedentes de esta charca del Monte Coronado. Corría otra historia menos fantástica acerca del monte, la tradición de personas que se ahorcaban en algunos de los olivos o almendros que estaban allí plantados desde tiempos inmemoriales.
Cuando busqué un título para el blog que iba a empezar a escribir, repasé ideas, espacios y personas con los que, de alguna u otra manera, me podría identificar. De pronto lo supe. Me vi a mí mismo en un atardecer de la infancia mirando el perfil familiar e inquietante del Monte Coronado. No cabía duda, yo era un aborigen de esa montaña, a cuya sombra empecé a leer, a vivir, a reír, a pensar, a soñar y a equivocarme.
No, al final no era un volcán (dicen los geólogos que es el fondo de un lago antediluviano). Tampoco era un aeropuerto para platillos volantes, ni el manantial de las ranas vengadoras de Macario, pero es el lugar del que venimos muchas personas, el escenario fantástico de varias generaciones de niños y niñas de barrio, que se resistieron a ser un número más en las estadísticas del crecimiento económico".