29.9.12

Noche de agua y fuego

El 16 de agosto pasado asistimos a una festival que se celebra cada año en el río Oi de Arashiyama (Kioto).  Es el mismo día que el Daimonji Gozan Okuri-bi, que ya expliqué en otra entrada.  Fuimos en tranvía hasta la zona y allí nos mezclamos con una multitud entre la que había mucha gente vestida a la manera tradicional.  Mientras esperábamos, empezó la ignición de uno de los fuego del Daimonji (un torii) que está cerca.
El acto en sí es de gran simpleza, como tantas otras cosas en Japón.  Unos señores hacen unas linternas de papel que llevan una llama dentro.  Luego las depositan en el río Oi desde una plataforma y entonces se forma una procesión de luces flotantes que tiene mucho de hipnótico y de simbólico (río, fuego, agua, movimiento, fragilidad...).  Aquí van algunas fotos y vídeos de dudosa calidad del evento.












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Elogio de la novocaína


He terminado de leer este "panfleto" que ya reseñé parcialmente antes.  Lo de llamarlo panfleto es algo así como una provocación, porque está escrito en un estilo antiplanfetario, quiero decir, barroco, alusivo e indirecto.  Nada de decálogos ni verbos imperativos.  Se parece mucho al de este humilde bloguero/poeta/profesor/tocador de ukelele, pero con mucho más interés que estas cosas que ustedes tienen la paciencia de leer, colmadas de frases interminables y enumeraciones innecesarias, prolijas, agotadoras (como esta misma que ahora acabo después de cerrar el paréntesis). 
Da la impresión de que Gracia quiere demostrar a los intelectuales de los que habla y se mofa, que él también lo es, pero que no comulga con su melancolía apocalíptica.
El tema ya ha sido tratado en este blog y en otros lugares: el desprecio de cierto sector de la intelectualidad (y de parte de la población) por la cultura, la educación y el mundo actuales, al que consideran una degeneración mercantilista de un supuesto pasado culto y elegante, que se ha perdido para siempre.
Aquí les dejo algunas citas que he capturado con el "capturador" de citas del Kindle. Si llegan a la última, entenderán el título de esta entrada.

- "Es un discurso no sólo tóxico sino civilmente reprobable porque induce en televidentes y lectores en general la sensación de que las élites del país arrojan la toalla y desde su púlpito sagrado abandonan a su suerte a la sociedad: ya no hay esperanza alguna, tras su deserción, de remediar nada porque todo está desarbolado. Se acabó la alta cultura y la decadencia intelectual oprime violentamente al buen gusto". 


- "Tardé demasiado en comprender que lo efímero, lo fragmentario, lo burlesco, la ironía de uno mismo son las claves de la modernidad".

-"...las ficciones “apocalípticas” relacionadas con la decadencia del mundo contemporáneo» está en relación directa «con las ideologías de los movimientos sociales y políticos empeñados en solventar la supuesta corrupción y decadencia de la sociedad». Obviamente, el libro se titula Modernismo y fascismo, y pone los pelos de punta como análisis meticuloso del caldo de cultivo totalitario, sobre todo leído con la imaginación puesta en pesadumbres más recientes".
  
-"...la vieja noción histórica –todavía presente– del discípulo guiado, dirigido, tutelado, protegido, controlado y reprimido por el sabio maestro es exactamente anorgásmica, todo lo contrario de la intensidad intelectual y afectiva que rige el saber si quiere ser saber y no sólo información y herencia devaluada de saber (y poder)".


-"La marejada de jóvenes con ropas de plástico, gorras de visera, bambas luminosas y torsos desnudos con la camisa atada a la cintura se convierte en argumento incontestable sobre el dominio universal de la vulgaridad y la hegemonía del mal gusto. Antes, en cambio, en las calles se respetaban los códigos de la elegancia sin énfasis, leves cabeceos entre los ciudadanos para darse los buenos días y una finísima, imperceptible gentileza de maneras que permitía asegurar la pertenencia a una tribu estable, burguesa, sensible y culta".

-"El respeto a los derechos humanos –y el castigo a su incumplimiento– en una medida incomparablemente mayor a la de ninguna época anterior no ha caído del cielo ni es un regalo de las multinacionales ni estaba en el plan de productividad de ninguna firma financiera. ¿Cómo llaman a esa conquista? ¿Degradación del poder de la ética aristocrática? ¿Envilecimiento democrático? (...)
 Las viejas minorías siguen siendo necesariamente minorías, pero la ampliación de la base formativa parece pasarles por alto a los nostálgicos de un orden civil e intelectual que han idealizado de la forma más simplificada y embustera, como si procediese el Occidente contemporáneo de un tiempo iluminado y limpio de morralla y no de condiciones sociales y educativas objetivamente peores que las de hoy".


-"Me temo que incurriré en esta desfachatez leprosa de los días contemporáneos si recuerdo una respuesta periodística de Woody Allen: «Siempre decimos que lo pasado fue mejor, que nos gustaría vivir en otra época, pero sólo pensamos en el lado bohemio, no en lo que sería ir al dentista sin novocaína.»




28.9.12

Vacas flacas

Cunde mucho por tertulias y declaraciones políticas la vieja fábula bíblica y onírica que José le interpretó al faraón.  También hubo un sueño con espigas, pero esa imagen no ha tenido tanto éxito y apenas ya nadie la recuerda.
Precisamente esta mañana, momentos antes de que dejáramos salir al alumnado por orden de la Delegada de Educación (debido a la alerta por fuertes lluvias), he empezado a explicar en Bachillerato los instrumentos que se pueden usar para el análisis del imaginario de un texto.  Les he dicho que la poética del imaginario es una corriente o escuela de pensamiento, predominantemente francesa, que frecuenté hace unos años, cuando inicié mi inacabada tesis doctoral.  Les he hecho una introducción a la simbología y hemos estado hablando de animales simbólicos como la serpiente, el águila o la paloma, pero nadie se ha acordado de la pobre vaca, tan paciente, mansa y anodina.  Creo que su imagen simbólica solo se utiliza en alguna marca de chocolate, pero con una coloración irreal o pop.
También hemos hablado brevemente sobre mitología, pero no ha dado tiempo a mucho.  El próximo día seguiremos, como seguramente dijo Fray Luis antes de que se lo llevaran las fuerzas del orden por traducir la Biblia.
A ver si no se me olvida y les hablo de aquellas vacas egipcias que evitaron una crisis hace ni se sabe cuántos siglos. Lo mismo alguien sueña algo que nos saque de esta, aunque sea a toro pasado.

26.9.12

Serendipia jacobina

Algunos de ustedes quizá recuerden que el verano pasado estuve dando una conferencia sobre Andalucía en Nishinomiya, cerca de Kobe (Japón). Pinchen aquí, por favor, que necesito que vean algo de aquella entrada.
Justo en la última foto se me ve tocando (menos mal que no se oye) la guitarra. En primera fila hay un señor mayor y a su derecha, bajo la bandera de España hay un objeto que explico en el pie de foto.
Pues bien, esta misma tarde, mientras almorzaba han dado en televisión un reportaje sobre los canales de agua de Castilla (imagine de qué cadena se trata).  Justo cuando empecé a verlo, advierto el actor presentador (Manuel Galiana creo que es) estaba entrevistando a un japonés que hacía haciendo el camino de Santiago y para mi sorpresa se trataba del amable señor de Nishinomiya, experto en origamis florales.  Otra coincidencia es que este verano me he traído en la maleta algunas pequeñas cajas hechas por él con papel de desecho y que le había regalado a nuestra corresponsal en Kioto.
En la pequeña entrevista demostró un entusiasmo y una vitalidad envidiables y que se alejan muchísimo del tópico del japonés obediente, aburrido, alienado por las grandes empresas y con cierta querencia al suicidio.  Habló del camino como encuentro del ser humano consigo mismo y con la trascendencia, tenga el aspecto del dios que tenga.  Un ejemplo para todos aquellos que creen (-mos) que el mundo se acaba tras el más mínimo tropiezo.
Aquí les dejo algunas fotos de las cajitas que nos regaló y que ahora están aquí en mi casa.




24.9.12

La contraria

Situación: tertulia en una radio de alcance nacional sobre el tema de la autoestima.  Hablan varios especialistas y José Antonio Marina.  Casi todos coinciden en una definición similar.  La moderadora, temiendo que aquello se convierta en algo serio, decide que intervenga uno de sus colaboradores, a la sazón José Mª Íñigo, ínclito presentador de dobladores de cucharillas del tardofranquismo (cito de memoria):
--José Mª, tú interven cuando te parezca.
--¿Yo, para qué?
--Para llevar la contraria.
--Pues muy bien, lo que mandes.
En efecto, cuando acabó la primera ronda de intervenciones sin atisbo de disensión, Íñigo toma la palabra (cito de nuevo de memoria):
--Pues yo no estoy de acuerdo.  Yo creo que la autoestima la tiene uno más alta cuando ha triunfado en la vida y tiene dinero y coches...
Me pareció tan patéticamente absurda la reacción del que llevaba "la contraria", que apagué la radio y me puse a pensar en ello.  Me dije:
--Cuando tenga tiempo voy a escribir sobre esta manía de llevar "la contraria".  Ahora no, que va a parecer que quiero llevársela a la presentadora.  Luego, más en frío.
Al poco rato di con un artículo de Elvira Lindo que hablaba precisamente de esa tradición hispánica que consiste en hablar sin pensar demasiado, dejándonos llevar por la pasión y la falta de formación. Cito (ahora sí literalmente) un fragmento:
"Pero hay algo particular en la verborrea de los españoles (dicho sea “españoles” sin ánimo de incluir a quien no lo desee) y es que, por no haber recibido en la escuela o en casa un adiestramiento mínimo para defender lo que pensamos sin llamar cretino al adversario, padecemos un continuo calentamiento de boca".
Pues eso, que procuremos enfriar nuestros aparatos logogénicos, que no tenemos que doblar cucharillas con ellos.

Otoño

Como hago otras veces, movido por cierta pereza egocéntrica, traigo aquí un poema de Múltiplos de uno dedicado a este otoño que acaba de aparecer por los almanaques y, en menor medida, los termómetros meridionales.
Quién estuviera en Kioto para asistir a la roja y hermosa decadencia de los arces.



CONSAGRACIÓN DEL OTOÑO


Ejércitos de hormigas porteadoras
encierran el verano en sus mazmorras.
Para no ser pisadas,
se escudan en las cáscaras de pipas,
las últimas reliquias de las charlas
ociosas, juveniles, callejeras.

Los niños, por su parte, ejercitan
el arte del bostezo y los maestros
desempolvan rigores, pasan lista
a una vida suspensa entre dos aulas,
la inmensa de la infancia y ésta ínfima.

El sol se pone tonto y se avergüenza
de los tantos delirios amorosos
flechados por sus rayos.

Menguan moscas y días;
noches y mangas crecen.

Las nubes ya regresan de los mares
dispuestas a pintar sus acuarelas
kilométricas, tests de percepción
de tardes filosóficas,
en que alguna tormenta, allá a lo lejos,
inunda con agüillas bicolores
la hipnótica y catódica pantalla.

Las playas son de nuevo ecosistemas
de guiris y gaviotas.

El barrendero observa que su escoba
ya no apila los palos de los polos,
pero sí las primeras hojas muertas,
que al peso venderá
a algún decorador de escaparates,
en paro desde junio.

Este otoño se llevan tonos tristes,
miméticos, que eviten que el invierno
nos vea y nos devore.