31.7.10

Círculos concéntricos

Con motivo de la polémica tauromáquica que nos acosa estos días, traigo aquí este relato que publiqué en Espacios, una antología de literatura española contemporánea que hizo en Dinamarca el compañero y, sin embargo, amigo Lucas. E. Ruiz.

Es largo para una entrada de blog, pero no tanto como relato. Léalo el que le plazca y saque sus respectivas conclusiones si le apetece.



CÍRCULOS CONCÉNTRICOS

Eran las cinco de la tarde,

[...]

ha florecido en círculos concéntricos

Federico García Lorca

—Eran las cinco de la tarde y el mundo era redondo.

—¡Qué labia te gastas, Olegario! ¿Eso es para la crónica?

—Sí, amigo Pedro, antes de las nueve tengo que entregarla.

—¿La llevas tú al periódico o viene algún becario por ella?

—Pero qué rancio estás, Pedro. Esto ahora va por la Internet.

—Vaya, qué moderno te me has vuelto. Anda toma un habano, que yo invito. Es del bautizo de mi nieto.

—¿El de la Chari?

—El mismo. Cuatro quilos seiscientos pesó al venir al mundo. Bragao meano.

Pedro y Olegario ríen, mientras le meten candela al puro. Están en su palco de sombra, al que acuden desde hace veintisiete años. Pedro es constructor. Se forró en los setenta, levantando esos rascacielos de primera línea de playa que le quitan el sol a los bañistas ingleses a la hora de la siesta. Olegario es el crítico taurino de El Heraldo del Sur, un diario local que periódicamente levanta falsas polémicas ciudadanas para dárselas de fuerza viva. Rondarán los cincuenta y pico. Visten elegante y arcaicamente: corbata de seda, camisa con cuello almidonado y pañuelo blanco en el bolsillo de la americana.

—Olegario, este chaval que toma la alternativa, ¿apunta maneras?

—En el noventa y ocho lo vi en Nimes y puso la plaza en pie.

—A ver qué hace esta tarde.

—A ver.

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Eran la cuatro de la tarde y la rueda de la silla del carrito de la marquesa de Luria y Escobar era redonda, como las perlas del collar que rodeaban la flácida y perfumada piel de su cuello.

—Salvador, acércame la pamela rosa, la que tiene un gladiolo en la cinta. Ah, y avisa ya a Jorge.

—¿Esta tarde irá en el Mercedes o en el Jaguar?

—En el Mercedes. Tiene un nombre más español.

—Excelente elección, si me permite el comentario. Y excelente tarde de toros.

—En efecto, Salvador. Me trae muy gratos recuerdos.

La marquesa suspira y pone los ojos entornados, como había leído en su juventud que hacían las señoritas de las novelas del último romanticismo.

—Parece que fue ayer cuando el señor la acompañaba del brazo por la galería del primer piso.

—Sí, Salvador, ¡qué tiempos!

—¡Qué tiempos! Sí, señora.

—¿Olvidaste engrasar los ejes?

—No, señora. Lo hice esta mañana. Han traído un nuevo aceite sintético canadiense, especial para esta marca.

—Pues parece que chirría algo al girar a la izquierda.

—¿Me permite?

Salvador mueve la silla de ruedas con la marquesa de Luria encima y hace un zigzag algo irreverente. Doña Carmen de Luria esboza una sonrisa tras el centímetro y medio de maquillaje.

—No me alteres tanto, Salvador, que el doctor me tiene prohibidísimas las emociones fuertes.

—Mil excusas, señora. Parece que ya no hay ruido.

—Eso parece. ¿Está abajo el coche?

Salvador va hacia el ventanal, desplaza el visillo con el dorso de la mano y mira hacia abajo.

—Ahí está, tan puntual como de costumbre.

—Pues vamos, entonces.

La marquesa se coloca la pamela rosa y, empujada por el mayordomo, enfila hacia el portasillas que hay instalado en la escalera semicircular que lleva a la planta baja del palacio. La marquesa desciende lentamente de espaldas a la pared mientras Salvador la sigue peldaño a peldaño a la misma velocidad.

—Salvador, ¿tengo bien centrado el mantón?

—Perfecto, señora. Está usted arrebatadora, si me permite el comentario.

Tras desmontarla del aparato, se dirigen ceremoniosamente hacia la puerta principal. Justo antes de llegar, alguien abre de par en par las dos hojas desde fuera y un estallido de luz invade el salón, anulando los matices de los mármoles, el caoba y las raídas filigranas de los tapices dieciochescos.

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Eran las dos de la tarde y la patata que se disponía a tragar Juan Ignacio Cárdenas el Tiriri era redonda y grande, como un mundo.

En el estómago de Juan Ignacio Cárdenas el Tiriri había más movimiento que en una reventa de Curro Romero.

—Tú tranquilo, Tiriri, que esos nudos se pasan en cuanto salga el bicho por la puerta de toriles.

Sebastián Menales, apoderado de cuarenta y tantos años, hizo la mili en Sabiñánigo, Pirineo aragonés. Se cayó desde un árbol mientras buscaba nidos para el hijo del coronel y le dieron la blanca. Estudió Filosofía y Letras en Granada, pero en quinto se enamoró de una periodista americana que vivía en el Albaicín y se echó al güisqui y a los billares. Cuando ella volvió a Boston, él se alistó en la legión y en Melilla se hizo aficionado. Desde entonces ha llevado los asuntos de cinco novilleros y tres mataores. A Juan Ignacio lo conoció en Valencia, en la tercera de Fallas del noventa y cinco. El niño prometía, tenía formas, pero se arrimaba poco.

--Arrímate, Tiriri,--le gritaba el tendido-- que no mancha.

Juan Ignacio Cárdenas el Tiriri sostiene el tenedor como si fuera a descabellar la patata. La mira, la mide, la huele, pero nada.

--Sebastián, déjeme ya que me vista, que faltan tres horas y esta patata es como un Miura.

--Ni hablar. En el Cossío no encuentras tú a una figura del toreo que tomara la alternativa con el estómago vacío. Las tripas huecas son algo muy peligroso, ya lo dijeron Cervantes y Quevedo. Los berridos del animal entran y rebotan en las paredes y uno pierde la compostura y la concentración.

--Sebastián, por la gloria de su madre, déme un yogur desnatado y déjeme ya que me ponga el traje.

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Era la una de la tarde y el espejo donde se miraban Carlos, Nuria, Peter, Anna, Rafa y Reme era redondo e insuficiente.

--¿Tú crees que es necesario esto de las pinturas, Anna?

--Sí, es mucho importante. Todo parese más llamativo y la prensa nos mira más con cámaras.

--Pues yo opino que es suficiente con el toro y el torero.

--Manuel, el cuerno derecho lo tienes doblado.

--¿Cuál, éste?

--No, el otro, el derecho. Ha sido por la montera, que lo ha movido.

La Liga Antitaurina Internacional se fundó una noche de julio en un bar que ya no existe del casco viejo de Vitoria, después de un concierto del festival de jazz. Los estatutos se comenzaron a garabatear en la tapa de un cartón de Winston que estaba tirado en el suelo. Peter había llegado a España con una beca Erasmus a estudiar biología marina en Cádiz. En Liverpool dejó a una novia que escribía poemas sin rima y a un perro marrón que nunca le hacía caso. Anna nació en Hamburgo, pero su padre era de Lugo y se vino con él dos días después de que su madre muriera en el descarrilamiento del tren de Hannover. Carlos y Nuria eran novios desde el instituto. Él estudiaba química orgánica y ella estaba terminando el doctorado en Filología clásica. Su tesis sobre la violencia en la mitología grecolatina amenazaba con convertirse en un clásico de las tesis inacabadas. Rafa era policía local y su aversión contra los toros le venía de un día que su abuela le hizo carne mechada de la corrida del día anterior. Le sentó mal y vomitó durante una semana en la UVI, en la UCI y en cinco camas de la planta cuarta del Hospital Materno Infantil. Reme escribe artículos de fondo en una revista ecologista. Odia la carne y todos sus aledaños. En el noventa y nueve estuvo entre rejas por tirarle un bote de tintalux al abrigo de marta cibelina de una eurodiputada.

--¿Nos vamos?

--Vale. Nosotros bajamos por las escaleras, que al toro no le caben los cuernos en el ascensor.

--Yo soy mucho nerviosa, camaradas. Pienso que las policías nos pega palos, seguro.

--Fijo, Anke. Agárrame las banderillas, que voy a cerrar la puerta.

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Eran las dieciséis cincuenta y ocho de la tarde y el sombrero del picador era redondo, como un plenilunio de mayo.

--Compadre, pásame el botellín de agua, que estoy más seco que el ojo un tuerto.

Manuel Garrido Bobadilla es picador desde los diecisiete años. En la finca donde se crió, cerca de Medina Sidonia, estaba más tiempo que en el colegio. Quiso ser mataor, pero las rodillas le temblaron el único día que saltó a un ruedo como espontáneo, en abril del setenta y siete.

--Era mucho toro, compadre, mucho toro y mucho temblor.

Su compadre es Serafín Urdiales López, banderillero de la cuadrilla del Tiriri. Serafín nunca quiso ser torero. Sólo soñaba con poner ese par de leyenda en la Maestranza y retirarse a beber por las tabernas del Perchel y a cantar saetas el lunes santo en la Tribuna de los Pobres.

--Compadre, ¿dónde tenías metida el agua?

--En el cubo del hielo, ¿dónde la voy a tener, compadre?

El maestro está ya en el callejón colocándose bien la montera.

Serafín mira a Manuel:

--A ver si tenemos una dulce faena.

--A ver.

En ese momento se abren la puerta y la luz del albero ciega a los tres diestros que inician el paseíllo. La banda municipal refulge entre el respetable y acomete los primeros compases de un pasodoble todavía sin definir.

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Eran las dieciséis cincuenta y nueve de la tarde y Gerardo Santaella, parado crónico de cuarenta y dos años, comía palomitas del microondas en un bol de plástico, redondo, como los inútiles ceros de su cuenta corriente.

Con la mano izquierda cogía el maíz a puñados y con la derecha apuntaba el mando a distancia hacia el televisor.

--Mariló, cuéntanos, ¿cómo descubrió a su marido con su mejor amigo en la cama? ¿Acaso usted sospechaba algo o es que...?

Gerardo cambia de canal.

--Las grandes manadas de ñúes recorren, como todos los años, las llanuras del Serengeti. Los astutos cocodrilos...

Gerardo vuelve a cambiar de canal.

--Hermosa tarde de toros en esta no menos hermosa ciudad. Luce el sol y las señoras, ataviadas como en mejores tiempos, exponen su belleza para mayor gloria del la fiesta nacional. Y ahí está el cartel del primero, “Achuchao”, un ejemplar con el hierro de Sánchez y Ortigosa, astifino y bien armado. Desde aquí aprovechamos la ocasión para saludar a don Víctor Ortigosa Requena, quien tan sabiamente regenta esta ganadería desde el año mil novecientos ochenta y dos. Juan Ignacio Cárdenas el Tiriri se dirige hacia el centro de la plaza. Luce traje de blanco y oro, como manda los cánones. Avanza unos metros hacia los toriles y se coloca de rodillas. Este chaval viene dispuesto a triunfar, ¿no crees, Antonio?

--En efecto, Matías, cada vez se ve menos la suerte de puerta gayola.

--Y ahí está el animal. Buen porte y fuerza trae. Se dirige como una exhalación hacia el torero y...

Gerardo suelta el bol redondo, las palomitas caen y se cuelan para siempre entre las rajas del sofá. El toro está empitonando al Tiriri por el lado derecho, lo levanta unos dos metros y lo deja sobre tierra como un muñeco de trapo.

--Dios mío, qué golpe.

--Lo ha cogido.

--Sí, parece que lo ha cogido y parece que es grave. El diestro no se mueve.

El realizador repite la toma desde cuatro ángulos distintos y Gerardo y el mundo entero ven cómo el asta entra en el centro del pecho del Titiri, le parte el esternón y sale por su espalda desbartándole las vértebras para siempre.

Serafín acude con el capote a llevarse el toro a otros tercios.

Manuel se quita su redondo sombrero y se empina sobre los estribos del caballo para ver qué pasa en la plaza.

Sebastián Menales se queda como un don Tancredo agarrado al burladero y acordándose de aquella tarde lejana en que se cayó de un pino cogiendo nidos.

La marquesa agarra el ala de su pamela rosa con gladiolo.

Olegario agarra el ratón del portátil y casi lo despanzurra.

Los chicos de la Liga, dentro ya del furgón policial, oyen cómo el sonido de la sirena se mezcla con un oh que sale de la plaza, redondo y grave, como una corona de humo en honor de los dioses de la tauromaquia.

El helicóptero de televisión sobrevuela la plaza y envía una toma que queda congelada en las pantallas.

Dentro del cuadrado de la pantalla se circunscribe el coso circular y dentro, el círculo de arena amarillenta y dentro, las líneas de los tercios y dentro, el cuerpo sin vida de Juan Ignacio Cárdenas el Tiriri y en su rostro desencajado, el ojo esférico donde se refleja toda la redondez del mundo.

Serían las cinco y un minuto de la tarde.

Las cinco en círculo de la tarde.

--Pasamos a publicidad.

Ángel L. Montilla Martos

Bobby McFerrin en el Cervantes

He aquí dos minivídeos de la única actuación de McFerrin en España. Como no ha sido en Madrid ni Barcelona, pues no se ha enterado ni Dios. Cortesía de Monti Cruz.
http://www.youtube.com/watch?v=_0R8LNvjDKY

28.7.10

El ruedo ibérico

Coincidiendo con el desvaimiento de las banderas y la hipotensión informativa estival, surge de sus cenizas ardientes el famoso tema del cainismo hispánico. Caliente aún la copa del mundo y la euforia panhispánica, llega el debate taurófobos / taurófilos.
El tema en sí es una ceremonia de la confusión digna de un filósofo deconstructivista. Vueltas y revueltas a colecciones ingentes de argumentos históricos, artísticos, éticos, estéticos, raciales, políticos, personales... Que si Jovellanos, que si Picasso, que si los frescos de Creta, que si el minotauro, que si los portugueses, que si el paté de oca, que si los pollos hacinados, pues anda que tú, pues anda que los japoneses con el atún, pues anda que la España cañí y "Los toreros muertos"... Moraleja: a los españoles no les gustan ni los toros, ni las vacas, ni los pajaritos del campo, lo que les gusta es simplemente discutir. Quizá por eso la "fiesta" "nacional" ha cuadrado tan bien en el imaginario ibérico: o tú o yo, uno de los dos tiene que morir esta tarde.
La algarabía sociomental ha alcanzado un nivel tan alto de entropía, que excepcionalmente (con el permiso de la autoridad y si el tiempo no lo impide) los partidos políticos catalanes han dado libertad de voto.
Y si uno está tan perdido que recurre al argumento de autoridad, pues entonces es peor. Hay intelectuales, juristas, escritores, periodistas, cantantes, centrocampistas, políticos y pintores imbéciles en las dos listas. Hay gente decente y de buen corazón en ambas.

Furia desvaída

Acabo de asomarme a la terraza y he visto en la de un vecino una bandera de España que ya empieza a perder sus colores: Spain made in China.

24.7.10

Poesía en el siglo XXI

Con motivo de una antología poética dedicada al maestro Miguel Romero Esteo, fui convocado (invocado), vía Emilio Lobato, para actuar como antólogo (pasado hace ya mucho el tiempo de ser descubierto como joven poeta). Se pedían poemas, nombres y una especie de reflexión a la pregunta que da título a mi respuesta. Ahí va. Es un poco larga para el tamaño de las entradas de este blog, pero, qué le vamos a hacer, mi cabeza también luce cada vez unas entradas más grandes.



“Deconstrucción amateur de la pregunta ¿Por qué la poesía en el siglo XXI?”


1.- ¿Por qué…?

1.1.- Nunca hay una causa ni una razón para la poesía.

La poesía es, siempre ha sido, desde que un pitechantrupus erectus o un autralopithecus gritó al pincharse con un guijarro de sílex o aulló al contemplar la luna decreciendo devorada por un monstruo innominado y cíclico. En otras palabras, no es causa lo que necesita la poesía, sino finalidad, extática, emotiva, liberadora, compulsiva.

1.2.- La pregunta también alberga/oculta un temor apocalíptico implícito. ¿Se interroga por qué porque se sospecha que la poesía va a a ser aplastada, barrida y disuelta en la malla mundial mediática que nos acorrala, controla o libera? No lo creo. La red, los medios, en general sólo son medios, y tener miedo a los medios es como si antaño se hubieran horrorizado (como quizá hicieron) con el papiro, el pergamino, el papel, la imprenta y los yesos de la Alhambra, donde quedaron los versos de Ibn Zamraq. No temamos a los medios, temamos a los fines. Y a los principios.

2.- “…la poesía…”.

2.1.- Este sustantivo ha provocado tantas dudas a lo largo de la historia de la teoría y la praxis literaria, que un tal Bastida, poeta sevillano decimonónico, hastiado del mundo y su semántica, se lo preguntó y se lo respondió con un pronombre personal de dudosa certeza: “Poesía eres tú”.

2.2.- Si bajamos (o subimos) a la etimología, la cosa se complica aún más. Poiein significaba en griego antiguo algo así como “hacer”. Borges tituló uno de sus libros El hacedor, o sea, el creador. Y ya por este camino vamos llegando al meollo, que diría Cervantes: la palabra creadora, la palabra crea el mundo. De ahí lo que dejó escrito Juan el Evangelista: “Al principio era el verbo”. Y al parecer es (o era) lo cierto, porque aquel Dios veterotestamentario “…dijo: hágase la luz y la luz se hizo”, dijo hágase esto y lo otro y las cosas se fueron haciendo. El poder del abracadabra, de la palabra escrita que daba vida al golem, que levantaba a los lázaros de las tumbas… Si poesía es crear, poesía no desaparecer, que diría Toro Sentado, porque el universo es un continuum creativo-destructivo sin límites ni parangones. Quien crea un poema es poeta, pero también lo es quien crea una palabra, como Fernando Beltrán, fundador del Instituto “El nombre de las cosas”, creador de palabras (namer) y sintagmas que designan a empresas o colecciones (Opencor, Amena, Hoja por ojo, Faunia…) y también lo es quien escribe una novela (¿no lo fue Gabriel Miró, o el otro Gabriel, el colombiano?), aunque sea por encargo. ¿No le escribió Virgilio la Eneida a Augusto para justificar su acceso, ascenso y permanencia en el poder, así tuviera que remontar falsamente la genealogía hasta la mismísima Troya? Es poeta inlcuso el que escribe un buen guion para una buena película. ¿Es que es menos poeta Stanley Kubrick, Alfred Hitchkock o Mélies que, pongamos por caso, Campoamor, Juan de Boscán o aquel concejal de Cuenca que canta las beldades de sus campos patrios en simpáticos pareados o aleluyas?

3.- “…en el siglo XXI?

3.1.- ¿Qué es un siglo? Aritméticas historicistas cristianizantes aparte, un siglo es un convención que convence cada vez a menos. Ignoramos sus límites ciertos y carecemos de perspectiva en el que estamos.

3.2.- ¿Cuál es el rasgo diferenciador entre el siglo XX y el XXI? ¿El uso y/o abuso de la informática? ¿El psicoterrorismo mediático y real? ¿La extensión superficial y abarcadora de la que habla Verdú en un brillante ensayo, frente a la profunda intensidad del mundo pre-postecnológico? Si esto último es así, la poesía, en el sentido de concentración verbal del universo, en tanto que haykuzación del cosmos, tiene los días contados. Pero si entendemos la poesía como testimonio, como desahogo, como entretenimiento, como velada verdad, como espoleta del pensamiento, como mecha para las ideas o como lo que quieran que sea los creadores de palabras, pues entonces tenemos poesía para rato.

3.3.- No es la primera vez que sea auguran malos tiempos para la lírica. Ubi sunt aquellas Casandras que vaticinaron el fin de la historia, el hundimiento de Venecia y el acabóse cultural, cuando se colgaron las señoritas de Avignon, cuando aquel actor dijo “merde” en la primera escena del primer acto de Ubu rey, cuando se oyeron las maravillosas disonancias de La consagración de la primavera de Stravinsky, cuando Garcilaso se saltó a la torera, sin causa ni razón, los intrincados decires octosilábicos del siglo XV y se puso a poetizar como quien habla (y cito a su coetáneo Juan de Valdés). Aquellos académicos, aquellos Jeremías, aquellos Laocoontes, ¿qué se ficieron?


En Desde la farola, Poesía española última (1989-2009), págs. 89-91.

22.7.10

Primer día en Tokio

Nueva entrada de "Paralelo 36º"

Libro recomendado

Los demasiados libros, Gabriel Zaid
Este libro lo encontré a partir de la entrada de un blog, que en realidad era uno de los capítulos.
Se trata de una colección de artículos casi todos muy interesantes, sobre sociología y economía del libro. Basado en diversa bibliografía, que cita honradamente, analiza cuánto cuesta un libro, cuánto cuesta encontrar el libro que cada uno quiere leer, cuánto cuesta hacer llegar ese libro a la persona que lo está buscando... También entra al trapo de la dicotomía book / e-book y de otras polémicas y controversias sobre la digitalización de los libros.
No olvida tratar el famoso y antiguo tema de la oralidad y la lectura. Para Sócrates el libro era un atraso con respecto a la conversación, que es fluida, natural y reversible.
Pero lo que más me interesa es la defensa que hace de la pluralidad. Los casandristas que hablan de la ploriferación excesiva de títulos y editoriales, se parecen, en opinión de Zaid, al que, en medio de una fiesta donde cada uno está hablando de lo que le da la gana, agarra un micrófono y pide a todos que se callen para hablar él.

15.7.10

Alineación planetaria

No, no teman. No me he metido en ninguna secta que vaticina el fin de los tiempos. Ni siquiera estoy pensando en aquella famosa toma de 2001, una odisea del espacio. No habrá más riadas, hambrunas, reality shows ni maremotos de los habituales. Simplemente lo que pasa es que esta noche, por encima de la Luna se podía ver la alineación de Saturno, Marte y Venus (de izquierda a derecha). La foto no es muy buena, pero es lo que hay después de una dura jornada de trabajo.

13.7.10

72 horas después

Bien, hemos ganado el Mundial de fútbol. Como para no enterarse. Recojamos el confeti, tomemos miel con limón para la garganta, guardemos en el trastero las vuvuzelas. Es la hora de la reflexión. Mis ideas son varias y confusas al respecto. Haré una lista, como recomiendan los psicólogos norteamericanos.
1.- Es bueno que la gente esté contenta.
2.- Es bueno que el estilo educado, cortés y humilde de los jugadores y, sobre todo, del entrenador se airee en los medios como modelo para las jóvenes generaciones. En un bar oí decir a un señor mayor que en los tiempos de Migueli, de Juanito y de Asensi, los holandeses habrían recibido leña en los tobillos. Por suerte esos viejos tiempos de la ira y la venganza han sido sustituidos por el tikitaka, la inteligencia y la sencillez antifanfarrona. Aquellos aguerridos no ganaron ningún mundial.
3.- Es bueno que el gol de Iniesta sustituya al de Zarra y Marcelino.
4.- Es bueno que los jugadores del Barça nos metan en la final, nos la den y luego vayan a Madrid a dar botes junto a la Cibeles.
5.- Es bueno que la bandera se recupere como símbolo del país. No sé quién está más mosqueado, si las izquierdas republicanistas o las derechas que han visto tan pocas águilas y que creían que la bandera era suya.
6.- Es malo que nos creamos que somos una potencia. Seguimos siendo un país con grandes déficits educativos, económicos, culturales, geopolíticos y cívicos.
7.- Es malo que se piense que el fútbol es más importante de lo que debiera ser.
8.- Es malo que se intentara asesinar a Manolo Escobar en directo.
Resultado en el minuto 90: 5 a 3.

9.7.10

Eviva España

Pocos lo saben y muchos lo ignoran. La famosa canción "Que viva España", popularizada en estos pagos por el españolísimo Manolo Escobar (esposo de la alemana Anita Marx [sic]), es obra del compositor belga Leo Caerts. El estribillo es una malísima traducción porque "que viva España" no es un "refrán". Un refrán es "A quien madruga Dios le ayuda" o "Más vale pájaro en mano..." etc. Lo que pasa es que "refrán" en otras lenguas significa "estribillo". Dos o tres extranjerismos clavados en el corazón de la España castiza. Y de la pasión hispana por los pulpos germánicos no estoy dispuesto a hablar.

Nuevo blog de este que suscribe

Gracias a una serie de vicisitudes derivadas de nuestros viajes, éste que suscribe ha sido invitado por la revista Acueducto, que se edita en Osaka, para publicar un blog que llevará el título de "Paralelo 36". Ni les cuento la alegría que supone para mí esta invitación.
En este enlace podrán leer la primera entrada que hace las veces de presentación. ¿Quién me iba a decir a mí que iba a ser columnista antes en Japón que en España? Moralejas: cosas veredes, amigo Sancho o nadie es columnista en su tierra.
http://www.acueducto.jp/blogs/paralelo36

2.7.10

Bando, banda, bandera

Vuelve el tiempo de las banderas. La temporada de esas telas rectangulares polícromas (importadas de China) que señalan a quién debemos seguir en el fragor de la batalla. La bandera crea o refleja el bando, fomenta la separación en grandes grupos humanos, propicia la banda, la unión entre iguales y la separación de los distintos. La bandera también es protección, es la tribu, es el terruño, el regreso. Cuentan que el conde Drácula llevaba siempre consigo una caja con arena de su tierra para asegurarse el regreso a sus orígenes. En esta sociedad ahíta de egoísmos más o menos liberalizantes, surge la necesidad del aborregamiento, de diluirse en la masa rojigualada o albiceleste. Quien no sigue la bandera no es reconocido como miembro del clan y se tiende a repudiarlo, a expulsarlo de la cueva. Por eso decía aquella vieja canción de Brassens: "No hay en el mundo mayor pecado que el de no seguir al abanderado".
Pues bien, llego ya al (como diría Cervantes) meollo de la cuestión. Japón ha sido eliminado del mundial y España tiene el deber de vengar esta afrenta ganando a Paraguay. Premonitoriamente hace una semana le coloqué una bandera de Japón a un Quijote (figura) que tengo en la mesa de trabajo sobre un Quijote (libro). El caballero de las causas perdidas, el que no siguió más bandera que el honor (inventado, falso, literario, desfasado) de los viejos héroes medievales y que llegó a enfrentarse a la justicia del rey de las Españas, cabalga de nuevo, dispuesto a reparar el honor de los samuráis.