4.6.13

Elogio de lo incomprensible

Lo que entiendo (o lo que yo creo entender, que no es lo mismo) no me interesa.  De pequeño dicen que andaba por ahí destripando juguetes para averiguar por qué me/nos hacían disfrutar, en lugar de disfrutar de ellos y ya está.  Las ciencias, sobre todo las matemáticas, eran para mí tan "entendibles" que no las entendía (o no las quería entender, que no es lo mismo).  Suponía que todo estaba claro en ese mundo de fórmulas y teoremas, que no me interesaba saber lo que ya todos sabían (y yo, soberbiamente, no).
Luego, ya de mayor también opté por lo inaprensible e incomprensible: la literatura, la poesía, la física cuántica, la música, la poética del imaginario, los agujeros negros y cosas de ese jaez.

Cuando explico retórica en clase insisto mucho en dos figuras que me parecen esenciales para medir la madurez del alumnado: la antítesis y la paradoja.  La primera dice: "Había un hombre bueno y un hombre malo".  La segunda afirma: "Había un hombre bueno que era malo".  Los que ponen caras raras con esto último sé que andan todavía perdidos en los vericuetos de la infancia, con sus héroes y su villanos perfectamente delimitados, tan ajenos al confuso espectáculo de la vida.  Una figura prima hermana de la paradoja es el oxímoron, o una paradoja abreviada, como "frío ardiente", "fuego helado", "generoso banquero", etc.
Pues bien, el Basque Center of Cognition Brain and Language (que abandona tanto el euskera como el castellano para definirse) ha realizado un experimento muy interesante cuya moraleja es que los oxímoron (se mantiene la misma forma en plural) activan el cerebro.  Ante la expresión "monstruo horrible" el cerebro apenas reacciona.  Es un pleonasmo (lo contrario de un oxímoron) y carece de interés cognitivo.  ¿Qué tengo que pensar si me dicen que la nieve es fría o que la hierba es verde?  Ahora bien, si, como hicieron en el experimento, leemos "monstruo hermoso", las alarmas se activan y el cerebro se ilumina en el encefalograma como una feria.
Esto me recuerda que la técnica para alcanzar el satori en el budismo zen consiste básicamente en lo mismo, en que el maestro propone enigmas irresolubles (koan) con los que el discípulo tiene que devanarse los sesos.  Llegado el momento (y si está de Buda), la activación cerebral puede llegar a alcanzar niveles que conducen a la iluminación.
Nada de esto me extraña lo más mínimo.  Creo que la poesía (su lectura y su creación) va por ese camino, el de hacer estallar la lógica común del lenguaje para que con él, estalle nuestra supuesta comprensión de la realidad y así saltar a otro nivel de conciencia.  Es una puerta abierta a la creatividad, a la renovación espiritual e intelectual, a la resolución de conflictos...  Porque eso son el oxímoron y la paradoja, conflictos superados, contradicciones aceptadas, sinrazones razonadas, vida casi, diríamos.

Vaya, esto ha tomando unos tintes new age bastante preocupantes.  Ustedes perdonen. Volvamos a la cotidianeidad diaria y pleonasmática,  la de dos y dos son cuatro, la del sentido común y demás.

2 comentarios:

Patry Linares dijo...

Lo malo escribir algo tan bueno, de forma tan clara y clarificadora, es que al que le gusta y quiere dejar constancia de ello, le entran los complejos a la hora de usar la misma herramienta con que esta obra fue escrita. ¿Y si utilizo un pleonasmo tan poco estimulante como estupenda maravilla y quedo como una cazurra? En fin, si esta es la figura que en este caso más se adapta pues ésa es la utilizaré,a riesgo de parecer inmadura me encanta lo que he leído porque es una estupenda maravilla. He dicho. P.D. Acabo de descubrir un oxímoron involuntario en la primera frase de mi comentario, se ve que he interiorizado lo leído. He vuelto a decir.

Ángel Montilla dijo...

Muchas gracias, Patricia. Animan comentarios como el tuyo. En lo tocante a la claridad y calidad escribiendo, todo el mundo escribe cosas buenas cuando se lo propone. Tú misma eres una prueba de ello.