5.7.13

Shodo

Acabo de llegar de un minicurso de caligrafía japonesa (shodo) en el Centro de Cultura Asiática de Málaga y me ha parecido mucho más interesante de lo que esperaba.  La profesora Elena Torres Hikari (), tercer Dan por la fundación Nihon Shuji, ha sabido transmitir en poco tiempo con mucho cariño y profesionalidad la esencia de este arte, ciencia o técnica de meditación milenaria.  En el transcurso de las cuatro horas, que se han pasado volando, ha habido un momento especialmente curioso.  Una alumna ha dicho: "Yo pensaba que...".  A lo que la profesora ha replicado en tono jocoso pero profundo: "Aquí no venimos a pensar".  Y he ahí, en mi modesta opinión de calígrafo neófito y japonólogo amateur, el quid de la cuestión.  Cuando uno está pendiente de la presión del pincel, de la cantidad de tinta, del giro del codo o del hombro (la muñeca no se mueve), del ángulo y del tamaño de un trazo no se puede pensar en otra cosa.  Se da una concentración en el presente de clara raigambre zen.  A pesar de que solo hemos escrito dos kanjis (ideogramas) no ha resultado en absoluto una tarea tediosa, sino más bien hipnótica y relajante.  En muchos momentos he sentido que no estaba escribiendo, sino bailando o tocando un instrumento.  De lo primero no sé mucho, pero de lo segundo sé lo suficiente como para establecer este símil.  El movimiento del pincel acompasado al ritmo de la respiración crea un flujo en el que el pensamiento, el cuerpo y la materia exterior se sincronizan y generan un estado de ánimo placentero.

Perdonen que me pongan tan trascendente por haber manchado un taco de periódicos y un par de papeles en blanco, pero es la cosa es tal que así.

Existen muchas actividades que requieren un nivel similar de concentración y abstracción: la misma interpretación musical o escénica es uno de ellos, la escritura también, la resolución de problemas, determinados deportes... Cada persona encuentra la suya, su "elemento", cuando le toca.

No sé si el torbellino del azar de los días me conducirá por el camino del shodo (valga la redundancia, porque shodo significa el camino de la escritura), pero esta tarde he dado con una actividad que, aunque siempre me atrajo de manera lejana y exótica, hoy ha pasado a uno de los primeros puestos de mi ranking de intereses.

Mañana habrá un cursillo de pintura de tinta o sumi-e en el que tengo depositadas menos esperanzas, dada mi innata inutilidad para el dibujo.  Ya les contaré.

Les dejo aquí algunas caligrafías de entrenamiento (sobre papel de periódico) y a limpio, con el sello de la profesora.  Cosas de principiantes, que en su ignorancia infinita creen que hacen las cosas bien a la primera.

Kanji de "hikari" (luz) con el sello de la profesora, cuyo nombre para el shodo es precisamente "hikari"


Kanji de "mizu" (agua) en papel de entrenamiento.


Mismo kanji en papel blanco con sello de la profesora.

1 comentario:

Almadetinta dijo...

Qué bonita forma de describirlo. Precioso.