
Cuentan que el muchacho del tiro fácil era un estudiante brillante, que absorbía conocimiento, datos, fórmulas, biografías, afluentes, dinastías... De nada le sirvió convertirse en una enciclopedia si debía convertirse en un ser humano, es decir, como dijo Aristóteles, en un animal político, en un ser social.
Cuando se habla tanto del fracaso de la educación en España y el ministro, cuyo apellido está oculto en el teclado (primera hilera de letras empezando por la izquierda), propone resolverlo con más de lo mismo: más contenidos, más esfuerzo, más exámenes y menos de lo otro (menos profesores, menos sueldo, menos diversidad, menos integración), pues me inquieto. Por el momento, porque estas leyes tan importantes no hay que acabar de creérselas hasta que no estén en el BOE, por lo menos cuatro años antes de las próximas elecciones.
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