15.9.11

Otra vez la decadencia


Acabo de oír en la radio que una mujer de Michigan (Estados Unidos) dio a su hijo en adopción, que, veinte años más tarde, ha mantenido relaciones sexuales con él y que, ergo, la van a enchironar equis lustros. Los locutores se lamentan, claman por la degeneración de las costumbres, o mores o tempora, igualito que antes, si Santa Teresa levantara la cabeza...
Parecen un coro griego, pero ignorante. Comentan que en Facebook hay una página sobre atracción sexual genética. Pero lo que es a Edipo y a su madre Yocasta, ni los nombran. Si Freud levantara la cabeza, acomplejado se iba a quedar.

11.9.11

Los (días) once


El 11-S estaba almorzando y viendo el telediario (por aquellos días tenía mejor estómago). Creí que sin darme cuenta le había dado al mando y que había cambiado a un canal de películas catastrofistas, pero la voz de Matías Prats no me sonaba en Deep Impact o El coloso en llamas.
El 11-M (E) iba en el coche y también hubo un momento en que José Francisco y yo pensamos que nos habíamos despistado mientras hablábamos camino del trabajo y que la radio estaba hablando de un atentado en la India o por ahí muy lejos, donde-pasan-cosas-horribles; pero las palabras "Atocha" y "cercanías" nos sacaron de nuestro error.
El 11-M (J) estaba comprando en un supermercado de Kioto. Al volver a casa empezaron a llegar mensajes de teléfono. Pusimos la tele y vimos ese mapa de Japón con los bordes amarillos y rojos y una voz en inglés que enumeraba prefecturas que estaban en alerta máxima por tsunami. Pero esto ya lo he contado antes y bastante tenemos ya con los medios repitiendo hasta la saciedad lo que todos sabemos, en lugar de aclarar lo que ignoramos.

10.9.11

Gion Matsuri de Kioto


Con motivo de una plaga que azotó la ciudad de Kioto en el año 869, el emperador Seiwa ordenó que se rezara al dios del santuario sintoísta de Yasaka, Susanoo-no-mikoto, responsable del mar y las tormentas. En el año 970 se institucionalizó la petición y con el tiempo dio origen al festival de Gion Matsuri, que se celebra en Kioto durante el mes de julio.
En la actualidad es una de los matsuri más importantes de Japón y cuenta con muchos eventos a lo largo del mes. Pero lo más importante es el ambiente que hay en las grandes avenidas del centro, repletas de autóctonos y foráneos que van a visitar las carrozas hoko (grandes) y yama(pequeñas). Las cofradías permiten acceder al interior de la carroza pagando una entrada. La música asociada a estas fiestas consiste en una flauta de dos o tres notas muy agudas y percusión metálica. Ahí van unas fotos de un par de tardes que bajamos a hacer el turista.





De pronto apareció un grupo de maikos y geishas y se armó un revuelo de cámaras.

Pasadizo de entrada a una de las carrozas.


¿Quién dijo que el civismo y la diversión eran incompatibles?

Puestos de comida. Había sobre todo hielo con sabores y pescados a la plancha.





9.9.11

El país de las cortapisas


Ya lo dijo Heráclito: nadie se baña dos veces en el mismo río. Coges un avión, te vas al quinto pino y cuando vuelves, ya ha cambiado algo (la dirección de una calle, aquella obra que nunca terminaba, el color del pelo de tu kioskero...). Pero lo que tiene más probabilidades de cambiar eres tú mismo/-a.
La primera vez que fui a Japón sufrí el shock de la falta de educación y de la dejadez en la atención a los clientes. Ahora me está traumatizando la abrumadora presencia de cortapisas. Uno va a trabajar, pongamos por caso, y hay un repartidor aparcado en la puerta del garaje. Se disculpa con la mano, se quita y sigues tu camino. Vas a encender el ordenador y alguien ha tirado del cable y tienes que volver a enchufarlo. Bueno, venga, no pasa nada. Tienes que entregar una documentación pero te falta un dato. Llamas a quien tiene que dártelo, pero se ha dejado el móvil en casa. Dejas un mensaje y sigues. Otro alguien se equivoca y deja un albarán en la bandeja equivocada. Aquella empresa que tenía que mandarte unas agendas escolares las manda tarde y por casualidad descubres que los meses están desordenados (lo que le faltaba a los alumnos, que les metiéramos flash backs, analepsis y prolepsis organizativos: el primer examen anotadlo en la página 10 y el segundo en la 7).
Así que da la hora de volver a casa y has sido derrotado por un cúmulo de cortapisas, microproblemas, estupideces y banalidades. Y lo peor es que sabes que hay muchos lugares en el mundo donde esto no pasa, o, al menos, no en esa medida.
Te acuestas y sientes que tus nervios están siendo devorados por una marabunta de hormigas incansables.

5.9.11

El tintero rebosante y el helado de Matsushima

Aunque en la primera parte de la estancia en Japón subí algunas impresiones al blog, luego la acumulación de fotos y vivencias se intensificó y se superpuso a los preparativos de la vuelta y ya se hizo un tetris...
Tengo previsto ordenar las fotos y las notas, pero el monstruo del trabajo de principio de curso me tiene atenazado y no sé cuándo me soltará.
Vaya por delante que tengo que contar el viaje relámpago a Mie, a visitar al amigo Keisuke, la charla sobre Andalucía que di en Kobe y la que dio Fina en Kioto, en la que intervine como pinche y hacedor de sangría, el viaje a Tokio, Matsushima y Yamadera, con fugaz paso en tren por Fukushima, y muchas anécdotas humanas como la que voy a contar ahora.
En un local de Matsushima que fue arrasado por el tsunami (y ya restaurado) paramos a comer algo. Había unas tortas envueltas en algas buenísimas y helado. La conversación para pedir se enredó (debido a nuestro paupérrimo japonés) y acabé en las manos con un helado que no había pedido. Estábamos sentados tomando un té gratuito que ofrecían, cuando se acerca una dependienta y nos explica algo que no entendemos. Como la confusión iba en incremento, fueron a buscar a alguien que hablaba inglés. Nos explicó que había habido un error con el helado. Pensamos que teníamos que pagarlo, ya que nos lo habíamos comido e intenté sacar unas monedas, pero no, la cosa era muy distinta. Ellos consideraban que se habían equivocado y que, a pesar de que ya me había comido el helado casi entero, tenían que devolvernos el dinero de un pedido que no habíamos hecho. Se disculparon cien veces. No lo aceptamos y terminamos de comernos el helado que habíamos pagado. Como, al parecer, no estaban totalmente satisfechos con su comportamiento, al salir nos regalaron una bolsa de galletas como la que sí habíamos pedido. Alguien debería habernos hecho una foto de la cara que se nos quedó.

4.9.11

Nueva fuga

Hace unos meses me escapé por los (pocos) pelos del tsunami y del terremoto; ahora lo hago del tifón Talas, que según acaba de informar NHK, ha dejado muertos en Nara y otras zonas. No quiero ponerme pesado, pero el comportamiento japonés ante las desgracias sigue siendo ejemplar. Al salir en el tren hacia el aeropuerto, la estación de Kioto estaba medio vacía. Todo el mundo aplaza reuniones, reorganiza el trabajo y el ocio y consiguen minimizar el impacto de la naturaleza. Encomiable, como siempre.
Sin embargo, la ineficacia europea he empezado a sentirla ya en el avión de Alitalia, en el que hemos estado esperando dos horas exactas a que arreglaran el suministro de agua de los servicios. Los japoneses han dado otra muestra de civismo y tranquilidad en esta ocasión. Luego en Roma,... bueno no ha estado tan mal como podría esperarse: malas caras, chulería policial y en las tiendas... lo de siempre.
Pero en España ya se ha manifestado claramente la ineptitud. Un desastrado trabajador de los equipajes se dirige a mí de manera displicente y me pregunta qué hago en la zona de salida de maletas que llegan de países no comunitarios. Pues eso precisamente, esperar unas maletas de países extracomunitarios. Me dice que no, que vaya a la cinta con los italianos. Como me temía, he estado un rato esperando y las maletas al final han salido por donde tenían que salir. No obstante he perdido veinte minutos de una cinta a otra como un tonto, o un español, o un consumidor, o un contribuyente o lo que sea que seamos los que en estas tierras moramos.
No me den la bienvenida, gracias.

3.9.11

Vientos sagrados


Los sagrados vientos (kami kaze) de Japón están uniendo sus fuerzas para que no pueda volver a España. Un tifón de fuerza 3 se ha plantado sobre el aeropuerto de Kansai y está desatando sus vientos y lluvias sobre la pista.
Tifón era hijo de Gea y Tártaro y se enfadó con Júpiter por haber derrotado a los Titanes. Dicen que le llegó a arrancar los tendones y que luego Hermes se los devolvió a su sitio, como protocirujano plástico.
Los "vientos sagrados" de Japón repelieron la invasión mongola en el siglo XIII, pero sus orígenes están en la fundación del templo de Ise (s. I a.C.), cuando la princesa y sacerdotisa Yamatohime-no-kimoto (resto del antiguo matriarcado) buscaba un lugar apropiado para edificar el templo para Amaterasu. Al pasar por la región de Mie dicen que dijo la diosa: "Yo deseo vivir por siempre aquí en Ise, donde el viento de los kami sopla, el país se bendecirá con los abundantes recursos de las montañas y del mar".
Teologías con las que se entretiene uno, cuando se harta de ver mapas meteorológicos y horarios de líneas aéreas.