Debido a una serie de circunstancias laborales de muy distinto tipo, me he ido retrasando en comentar el último viaje a Japón.
Como conseguí el billete de manera apresurada y posthospitalaria, pues mi agente habitual me mandó a Osaka vía Dubai. Resulta más pesado que por París, pero tuvo su gracia.
En el avión mantuve varias conversaciones con un ejecutivo español (pamplonica por más señas y persona agradable) que viaja asiduamente a la zona. Me aseguró que Dubai es un disparate espectacular. Se trata de un país multicultural, capitalista a más no poder, que carece de petróleo y del más mínimo sentido de la mesura. Enormes rascacielos y hoteles de mil estrellas casi vacíos por falta de clientes, unidos por amplísimas carreteras que se han diseñado para evitar que dos cochazos se crucen y generen un conflicto de consecuencias impensables por un quítate tú que pase yo. Me contó que un individuo analfabeto llegó en cierta ocasión a un banco y retiró una cantidad astronómica... sin firmar (porque no sabía), tan solo por su mera presencia física. Los coches/tanques no pueden ser pequeños porque los motores no podrían mantener la potencia del aire acondicionado. Y así todo.
Yo solo vi la zona de tránsito del aeropuerto, pero fue suficiente. Junto a un oasis artificial, un rosario de tiendas a cuál más exclusiva se ofrecía a un público variopinto, que lo mismo compraba trajes de Armani, que dátiles con sabor a café. No recuerdo si con los tiques del duty free o con unas papeletas que se compraban, se accedía al sorteo de unos coches espectaculares y de no sé cuántos kilos de oro en lingotes.
Ahí van unas cuantas fotos de semejante dislate.



1 comentario:
¿Y no fue objeto de ninguna confiscación?
En caso de respuesta afirmativa, ¿por qué no lo recoge en su minucioso, detallado y sutil relato?
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