29.3.12

Hokusai y el manga

Una vez cumplidos esta mañana los servicios mínimos, he dedicado la tarde al ocio ínfimo.  Entre otras lecturas he repasado un libro de dibujos de Katsushika Hokusai (1760-1849) que compramos en el Museo internacional del manga de Kioto.  Junto a sus famosos grabados como la Ola de Kanagawa, este casi contemporáneo de Goya (1746-1828) realizó dibujos humorísticos populares que se vendían en pequeños libritos de mano, antecedente inmediato de los tebeos y los mangas actuales.  Me he entretenido en fotografiarles con el móvil algunas de estas ilustraciones que sorprenden por su modernidad y sarcasmo. No se ve muy bien, pero es que el escáner está siendo usado como repisa para una gran cantidad de documentos y artefactos.

Cadavéricas damas y escuálidos músicos.

Ignoro qué leyenda o aventura mítica se relata en estos dibujos.

Colección de máscaras de teatro.

Luchadores de sumo.

Tortícolis me da de ver estas dos viñetas.


Mucho me extrañaría que Giacometti no conociera estos dibujos.

La famosa trampa para ratones de la zanahoria erótica.

Y el señor Matt Groening, ¿vería esto antes de ponerse a pintar a la famlia Simpson y sus vecinos?

27.3.12

Huelga decir...

...que la próxima huelga que han convocado los sindicatos le parece justificada a mucha gente, incluido yo y, si me apuran, los empresarios y el mismísmo gobierno.  Hace unas semanas el presidente asumió que era normal que se convocara esta protesta.
...que el noventa por ciento (o más) de los que van a secundar el paro no ha leído la famosa reforma laboral.  No importa; otros lo han hecho por ellos.  Para eso les pagan (las cuotas).

Creo recordar que nunca he estado en huelga en los aproximadamente veinte años que llevo trabajando. Y no por falta de ganas, sino porque siempre he estado de servicios mínimos, controlando a los que sí (o no) se ponen en huelga.
Las huelgas generales se han convertido en una especie de plebiscito popular difícil de cuantificar.  Y hablando de popular, si el pueblo estuviera tan en contra de las medidas que ha tomado este gobierno, ¿por qué lo votó hace apenas unos meses?
En esta ocasión creo que lo que se va a poner a prueba es la credibilidad de los sindicatos.  En la última lo que se sopesó más fue la ecuanimidad de los medios de comunicación afectos al gobierno, con aquel famoso reportaje de la calle Serrano, donde todas las tiendas de Louis Vuitton y Cía. estaban abiertas de par en par, o sea.  Menos mal que después se tuvieron que disculpar con ce-ce-o-o delante de todo el mundo.  Fue un momento memorable de la historia reciente de España, junto con la imagen de los tricornios folklóricos en el congreso y la muerte de Chanquete.

25.3.12

¿Qué horas son?

Dicen que fue a Benjamín Franklin, el padre del pararrayos, el catéter urinario y las lentes bifocales, al que se le ocurrió cambiar los relojes una vez que estuvo en París y observó que sus habitantes ahorraban velas levantándose más temprano. No se impuso la idea hasta la primera Guerra Mundial para ahorrar carbón y se internacionalizó durante la crisis del petróleo de 1973.
A fecha de hoy no está nada claro que la economía salga beneficiada con este desconcierto. Un estudio del Instituo Nacional de Estándares y Estadísticas de Estado Unidos, realizado en 1976, no pudo cuantificar ningún tipo de ahorro con el cambio al horario de verano. Por el contrario los gastos psíquicos son evidentes. Calculo que perdemos unos veinte minutos durante la semana en la que se produce el cambio preguntando o respondiendo a preguntas como "Pero ¿ahora qué hora es?", "¿Tú has cambiado el reloj de la cocina?"; "Entonces, ¿cuándo me tengo que tomar la pastilla?"; o excusas como "Profe, es que mi madre no cambió mi despertador y me he quedado dormido/-a".  Es un jetlag ínfimo, pero masivo.  No sé cómo lo llevarán los habitantes de Brasil, que en el sur cambian la hora y en el norte no, lo que también ocurre en Australia y en algunas regiones de Canadá o de México. En África y casi toda Asia (Rusia incluida) pasan del tema.
Pocos recuerdan ya que en octubre nos regalaron una hora de sueño. Lo que importa ahora es la que nos acaban de robar.
Lo único bueno de todo esto es que, Como en Japón no hay horario de verano, pues ahora estoy una hora más cerca de Kioto.

NOTA PARA PROFESORES DE LENGUA: En español existe una expresión hiperbólico-teológica de rabia, desagrado o sarcasmo, que se usa ante situaciones de flagrante caos o descontrol: "¡Aquí no sabe ni Dios la hora que es!". 


NOTA SOBRE LA ENTRADA ANTERIOR: Pido perdón por confundir "cómo" con "dónde" cuando traduje al gran Bob Dylan. Estaría cansado o aturdido. Y eso que todavía no habían cambiado la hora.

24.3.12

Los nombres de las cosas

Todo el que ha estudiado "Historia sagrada" sabe que el mundo comenzó porque Dios lo nombró.  Dios dijo hágase esto y esto se hizo, hágase lo otro y se hizo lo otro, etc.  La segunda parte de este proceso la contó Bob Dylan siglos más tarde en una cancioncilla pegadiza que compuso cuando se convirtió del judaísmo diletante al cristianismo redentor:

He saw an animal up on a hill 
Chewing up so much grass until she was filled. 
He saw milk comin' out but he didn't know how. 
"Ah, think I'll call it a cow.



Vio un animal sobre una colina
masticando mucha hierba hasta que se llenaba.
Vio salir leche, pero no sabía cómo.
Ah, pienso que lo llamaré vaca.
(trad. de un servidor)
Nota: en español como "cómo" no rima con "vaca", pues la estrofa no tiene la más mínima gracia (divina ni humana).


Albergamos la creencia ancestral de que los nombres no es que creen la cosas (quién sabe), pero al menos las condicionan.  Llega un nuevo ser al mundo y ahí que van los padres a consultar libros, gurús y webs para que el futuro de su descendencia no quede marcado por el estigma de llamarse Eduvigis o Pancracio, ni Pepe, siquiera, ni Anita, que es nombre de niña buena y bien peinada.  De ahí los Kevincostners y compañía que surgen de vez en cuando.
De modo que la cosa de la arbitrariedad del signo lingüístico que pregonó el padre de la lingüísitica (Ferdinand de Saussure) se tambalea y hace aguas por diversos flancos.
Cuenta Fernando Beltrán (el poeta mejor pagado de España), dueño y creador de "El nombre de las cosas", empresa dedicada al naming de otras empresas, que lo persiguen por cenas y saraos los dueños de éstas para que les ponga un nombre nuevo: "Ponme un nombre, por favor" dice que le piden, "bautízame, te lo suplico, en el nombre del padre...".  El mercado ha entendido perfectamente que una carnicería que se llame "El descuartizador sangriento" va a vender menos filetes que si se llama "Filetalia" o "Meating point".  Cuentan que en Estados Unidos se derribó el impuesto de sucesiones cuando ciertos políticos consiguieron que se lo conociera como el impuesto de la muerte.
Viene al caso esta reflexión porque el otro día intentaba hacer ver a mis alumnos de doce años (¡) la validez de la poesía, entendida como la actividad más exacta y aparentemente inútil que se puede llevar a cabo con el lenguaje.  Para aportarle un poco de dignidad contemporánea, les dije que existía un señor (el citado Fernando Beltrán) que se ganaba la vida (exageré un poco y les dije que ganaba millones) simplemente inventado palabras.  Los pobres se quedaron como pensando quién era más tonto si ese inventor de palabras, si los que le pagaban por inventarlas o yo por contarles (o inventarme) semejante despropósito.
Es lo que tiene esta profesión: uno va como clamando en el desierto, esperando que una de las mil semillas que lanza al aire germine algún día.  Una de cada mil, que es, más o menos la proporción de personas interesadas por la poesía en este mundo cruel y prosaico.

21.3.12

Millás, Tokio y yo


He aquí una copia fidedigna de la última entrada del blog "Paralelo 36º" (Osaka):

Queridos lectores:
Ha sucedido lo que podríamos pensar que iba a suceder.  Me he familiarizado tanto con Japón que se ha detenido mi escritura en este blog.  He estado ya dos veces ahí desde la última entrada y apenas he contado nada.  En navidades y fin de año visité Kioto y Amanohashidate (http://montecoronado.blogspot.com/2012/01/amanohashidate-i.html) donde la nieve apenas dejaba caminar a los pocos turistas que andábamos por las calles.  Hace poco he estado dos semanas y he paseado mucho por Arashiyama (http://montecoronado.blogspot.com/2012/02/paseo-por-arashiyama.html; la casa de los pérsimos caídos: http://montecoronado.blogspot.com/2012/03/la-casa-de-los-persimos-caidos.html) y por el centro de Kioto (http://montecoronado.blogspot.com/2012/03/viendo-llover-sobre-kioto.html ; http://montecoronado.blogspot.com/2012/03/pateando-kioto.html) y estuve en el museo internacional del manga (http://montecoronado.blogspot.com/2012/03/unos-pasos-de-karasuma-oike-en-kioto-se.html). 
No es que no siga admirándome la forma de vida, la belleza de los paisajes, el saber estar y hacer de los japoneses, es que ya los tengo tan interiorizados que entiendo ese país ya casi como una parte de mí mismo.  Así que estoy comenzando a convertirme en un poco más japonés, en el sentido de que ya no enfatizo tanto las bondades de esa tierra.  Humildemente callo y otorgo el beneficio de la duda a muchos españoles, quienes, de manera más o menos velada, sospechan que oculto información, que exagero lo positivo o que minimizo los defectos.  
Y estando enredado en estos pensamientos, hace una semana me sorprendió otro español que ha visitado por primera vez Japón.  Se trata de un escritor mucho más famoso e importante que yo, Juan José Millás, el cual ha publicado en el suplemento dominical de El País, un extenso reportaje sobre Tokio y Fukushima.  Me ha hecho pensar no tanto en Japón, como en la impresión que ha causado en él y, por extensión, en la que causó en mí cuando hace varios años llegué precisamente también a Tokio.  Millás hace mucho hincapié en el neón, en la modernidad, en las lolitas de Harajuku, en las yukatas que ve como camisas para locos, en la extravagancia de los pachinkos, en el anonimato de las masas que cruzan por Shibuya...  Extrañamente esas cosas no me impresionaron tanto como el silencio, el orden y la elegancia con que desapareció la cola de revisión de los pasaportes en el aeropuerto de Narita.  Más me llamó la atención el teatro Kabuki, el Noh, Rioanji, el Gion Matsuri, el niño que viajaba solo en el shinkansen, la paz sin nombre de los pinos de las islas de Matsushima (perdón por la redundancia, ya sé el suficiente japonés como para saber que Matsushima significa isla de pinos), los niños de Kioto buscando escarabajos encaramados a un árbol, la amabilidad infinita de Keisuke y de su vecina profesora de shodo, aquella niña que se desvió casi un kilómetro para llevarnos de vuelta al hotel Hagoromo en Shizuoka, la intensa tranquilidad del riokan de Oishida o el Momijiya, la diligencia de aquella limpiadora de Hiroshima, que recorrió toda la estación para buscarnos una taquilla vacía...  Hay tantas y tantas imágenes de Japón que se anteponen a la visión futurista de Ginza, Shinjuku y Roppongi.  
Estoy empezando a temer que muchos detalles, muchas anécdotas, muchas impresiones corran el riesgo de perderse.  Espero que no.  Espero algún día tener el tiempo y la capacidad suficientes para poder comunicar al resto del mundo lo que es (o lo que yo pienso que es) Japón.

20.3.12

La primavera ha venido

A modo de marcador temporal aquí va este viejo poema de Múltiplos de uno:


     CONSAGRACIÓN  DE LA PRIMAVERA


     La primavera ha venido
     desde el fondo del invierno.
     Trae las flores de colores
     y los vuelos azarosos
     de las negras golondrinas
Cerezos en el lago Biwa, cerca de Kioto (2011)
     que desayunan mosquitos.
     También trae estas alergias
     al polen de los olivos,
     al del plátano oriental,
     a los versos octosílabos
     y a los poetas sin novia.

     La primavera ha venido.
     Todos saben a qué ha sido:
     a que nazcan nuevos higos,
     a que se alteren los plasmas
     y a que Stravinsky y Vivaldi
     toquen piano y violín
     junto a fuentes atestadas
     de turistas en camisas
     que se miran el ombligo.


Y este otro de A estas alturas:


     CONSEJO VITAL


     Como a estas alturas
     comienza ya a preocuparte
     el otrora tan lejano, tan ajeno asunto,
     me regalo y te regalo un buen consejo:
     procura morir en primavera.

     Que el último día de tu existencia
     amanezca adornado
     por fragancias y brisas tibias.

     Que en tu entierro
     luzca un sol generoso y amable,
     que una orquestina de grillos
     marque el paso de tus deudos
     entre arriates recién regados.

     Que abejorros desvergonzados
     zumben bajo las pamelas
     de tu antiguas amantes.

     Que ninguna tormenta
     sacuda los corazones más o menos contritos,
     que ninguna niebla,
     ninguna nevada
     impida el acceso al camposanto
     de los coches recién adquiridos de tus viejos amigos.

     Que la noche que te velen
     huela a espliego y mejorana,
     y los dolientes desempolven
     consabidas consignas consolatorias,
     mientras las salamanquesas
     esperan junto a las farolas a la incauta polilla.

     Aunque a esas alturas
     poco te incumba a ti
     tu propia muerte y sus aledaños,
     procura morirte en primavera.
     Así tu ausencia será más leve
     entre tanta vida.


19.3.12

Pepe, la Pepa y el PP

No salgo de una perplejidad y me meto en otra.
Se nos quiere vender en estos días algo así como que la constitución de 1812 fue una reacción democraticista del valeroso pueblo español contra la tiránica opresión gabacha.
Perplejidad primera: ¿Acaso hemos olvidado que fueron las tropas napoleónicas (y el dispépsico rey te tuvimos unos años) quienes trajeron aires de libertad y, entre otras cosas, abolieron la Inquisición?
España sufrió durante más de un siglo la dicotomía esquizofrénica de ser española o ser moderna, de ser casticista o ser democrática, de "vivan las caenas" o "viva la libertad".  Lo malo de aquellas ideas renovadoras (que empezaron con los borbones en el siglo XVIII) es que venían de Francia y eso, ya se sabe, en España no suele sonar muy bien. Pregúntenle a Larra y a otros a los que, por querer democratizar España, llamaban "afrancesados".
Perplejidad segunda: ¿Cómo puede ser que la derecha de Andalucía pretenda hacer suya una constitución que nació con el ánimo de acabar con el absolutismo, considerar a los españoles ciudadanos, no súbditos, y derrocar gran parte de las tradiciones? ¿Es que el conservadurismo de hoy ya no es como el de antaño? Eso espero.