5.6.10

Náusea zen

La palabra zen se presta a que un palabrófilo como yo haga mil y un retruécanos, paronomasias y dilogías. Ahí van unas cuantas. "Cómo zentirse zen en Andalucía"; "Si lo zen, no vengo", "Zentarse para practicar el zen"... Todos estos chistes malos son, en realidad un poco zen, porque una de las características del zen, sobre todo de la secta Rinzai, es, precisamente, reírse del mismísimo zen, abominar de los que creen haber alcanzado el satori, la iluminación zen. He aquí una famosa cita zen antizen:
"Un maestro zen señaló lacónicamente a un estudiante que llevaba cierto tiempo hablando acerca de teoría zen:
--Tienes demasiado zen.
--Pero ¿no es natural que un estudiante zen hable de zen? --preguntó el estudiante, perplejo--. ¿Por qué odia hablar de zen?
--Porque --replicó lacónicamente el maestro-- ¡se me revuelve el estómago!"

Hay momentos en los que me siento como el maestro zen, sobre todo cuando se habla de temas de los que, por motivos más o menos profesionales y/o personales, estoy ahíto, tales como lengua, literatura, mis poemas, la decadencia educacional de la juventud contemporánea, la calvicie o alopecia, la edad, la política en España, el tiempo (atmosférico y cronológico), el efecto invernadero (calentamiento global), Dios o el supuesto efecto nocivo de las redes sociales cibernéticas, del Actimel o de las siestas de más de un hora y media.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Estoy totalmente de acuerdo. Por cierto, la foto es fresca y tranquilizante. A mí me dan ganas de vomitar cuando oigo el adjetivo "bonito" o "interesante"

Anónimo dijo...

- ¿qué negocio pondría un japonés en España?
- Un todo a zen

El comentador de Ocaña