21.1.13

Saludo final sobre carnicería incruenta

He aquí una foto que me ha llegado del estreno de La venganza de don Mendo.  Es de Daniel Pérez, del Teatro Cervantes.  
Nótese el montón de cadáveres de gomaespuma con el que concluye la obra. Se distingue sobre todo la cabeza de don Mendo, la de la Dueña y la de Azofaifa, mora que salía de la zarza. 
A la izquierda están Monticruz (alias mi hermano), que entre otros dio voz y movimiento al de Toro y a un carcelero amanerado, y Susana Fernández (alias mi cuñada), que sostuvo durante más de hora y media la pesada cabeza de la mala pécora Magdalena, además de hacer las veces de marquesa de Tarrasa.
Sevillanos, madrileños, no os la perdáis, que va para allá.



20.1.13

El Espejo de don Mendo

Advertidos sí que estaban.
Les dije que no esperaran
de mí ni ecuanimidad
seso, ni objetividad,
al hablarle de este estreno:
"Por abad y por mi edad"
proclamo y les digo en verso:
La venganza de don Mendo
que ayer noche se estrenó
fue un magno acontecimiento.

El sitio, de bote en bote,
mucho ducho en el Quijote,
y mucha la expectación.
Y cuando aquello empezó
fue ya como un no parar
de arte y gracia sin par.
Ese don Mendo cabril,
esa gruesa Magdalena,
ese Toro, ese salir
Azofaifa con un porro,
ese Rafalindo cantante
esas trufas anacrónicas
histriónicas y sardónicas...

Y ante todo tres ideas
que no quisiera olvidar,
las dos primeras sesudas:
¿Cómo que nadie pensó
antes que Ángel Calvente
que esta gran tragicomedia
se prestaba lindamente
al guiñol y al desparpajo?
Es que le viene cual guante
esa cosa trascendante,
entre íntima y distante,
que tienen los muñequitos
manejados por hilitos
o movidos desde dentro
como es el caso que cuento.
Y otra pregunta me hago:
¿Por qué se estigmatizó
semejante cachondeo
por la única razón
de ser un facha el su autor?
A Lorca mataron unos,
otros a Seca finaron,
pero no sigo este hilo
que antes ya he comentado.

Y del trabajo actoral
ni les cuento, de un nivel
ultrahiper profesional.
Juego de voces sin fin,
danza, canto, ejecución
de instrumentos en directo
de percusión.
El texto memorizado
al dedillo, las entradas
y salidas a millar
y tan bien sincronizadas...

Total, todo un conjunto
de aciertos y buen hacer,
que hoy se repite, y barrunto
que esta representación
tendrá largo recorrido
y si no le dan un Max
será por casualidad
o por razones ocultas
que aquí no quiero tratar.

Así que ya queda dicho:
vayan hoy los que pudieran,
a las siete en el Cervantes
de Málaga y si no hubiera
entradas, vayan el viernes
el sábado y el domingo
que viene a Sevilla que
comienza ya allí la gira
que no se pueden perder
y de cuore recomiendo:
Presenta El Espejo Negro
La venganza de don Mendo.


Rueda de prensa que dio
el jueves la compañía
y salió en televisión,
como se ve por el logo
que hay arriba a la derecha
junto a don Mendo y el Toro.







18.1.13

Lapsus auditus

Al igual que existen el lapsu linguae (al hablar) y el lapsus calami (al escribir), pensaba yo que existía una expresión latina para designar los errores producidos al oír.  Por ejemplo; entender "carro" en lugar de "sarro", "lento" en lugar de "ciento", etc.  Sería fruto de la homofonía, la paronomasia, el ruido ambiental y/o la sordera que cada uno acarree.
Así que, como no existe, tras asesorarme filológicamente, he decidido llamar a este tipo de fenómeno lapsus auditus.
Hace unos días sufrí uno provocado por la desavenencia entre la escritura y la oralidad.  Como se sabe, en el habla no existen las mayúsculas, lo cual me llevó a malinterpretar esta noticia oída en la radio:
"Llegó a tener 22 millones de euros en ginebra".  Tal que así la oí, pero al escribirse quedaría como "Llegó a tener 22 millones de euros en Ginebra".  Durante uno o dos segundos empecé a imaginar qué cantidad de botellas o toneles de ginebra habría que almacenar para llegar al valor de esa enorme cantidad de dinero.  Por desgracia, al continuar oyendo, el lapsus auditus se diluyó y quedó todo en un vulgar caso de corrupción política.

17.1.13

Las palabras y las cosas

Esta mañana me ha venido a la memoria aquel olvidado y memorable libro de Foucault, Las palabras y las cosas, que empezaba con una cita de Borges.
Estábamos en clase de 2º de ESO leyendo un fragmento de la novela La clase (valga la redundancia), de François Begaudeau, en la que se basó la película homónima.  En la primera líneas se leía: "Me estaban calibrando en silencio".  Como noté que los alumnos no captaban bien el significado, me puse a indagar sobre el sustantivo "calibre" y comprobé que tampoco lo tenían muy claro.  Así que lo expliqué y amplié al sentido metafórico que tenía en el texto.  Cuando terminamos de leer, se pusieron a hacer los ejercicios y entonces caí que justo al otro lado del pasillo está el laboratorio de Física y Química. Así que me fui, hablé con el compañero Pepe y le pedí prestado un calibrador.  Lo traje a la clase, interrumpí el trabajo y dije un poco teatralmente sacándomelo de la manga: "Y esto es un calibrador".  No sé, quizá peque de ingenuo, pero me gusta pensar que nunca olvidarán esta palabra y su familia léxica.
Muchas veces en clase hablamos y hablamos de palabras, palabras y más palabras, (parole, parole, parole, que decía la canción) y olvidamos que no son más que signos, señales, rastros, huellas que dejan las cosas en eso que llamamos lenguaje.  Los profesores acabamos siendo bustos (o cuerpos) parlantes, dictantes, distantes, coaccionantes... y el alumnado cree que está algo así como viendo un telediario que no entiende y del que además lo van a examinar.
No vendría mal que incrementáramos (en la medida de nuestras posibilidades) las dosis de realidad en los centros educativos para que dejaran de ser un surtidor de abstracciones y prepararan más para salir a la calle o al menguante mundo del trabajo.

16.1.13

Retoques ociosos III

Más fotos.  Teniendo en cuenta lo que dice el adagio, esta entrada equivale a unas quinientas páginas de palabras.

Avión aterrizando en Málaga.

Tras la lluvia en Kioto.

Málaga la bella (puerto, catedral, aduana y alcazaba).
Septiembre de 2012.

Fractal hecho con una aplicación que me he encontrado por ahí, retocado con Instragram.

Aeropuerto Charles de Gaulle (exteriores y reflejo en cristaleras).
Esta foto ya la usé sin tratar en una entrada anterior.

Ternera de Kobe en Kioto (5 de enero de 2013).

Lavandera de belén del centro de mayores de Dr. Marañón (dic. 2012).

Fractal (otro).

Anónimo viandante de un hospital.


Más fractales.

Y más.

Y más todavía.

El famoso Monte Coronado.

Avión aterrizando en Málaga.

Mi querida bici en Kioto.

14.1.13

Retoques ociosos II

Más de lo mismo.

Cartel de kabuki en mostrador del aeropuerto internacional de Kansai.


Cartel de restaurante de Kioto.


Tres de cercanías en la estación de Kioto.


Wasabi y hashi (palillos) en restaurante japonés de Málaga.


Pintada amorosa escolar en pupitre.


Coche rojo circulando ante la Puerta de Alcalá.


Tranvía Randen de Kioto.


Atarceder en Benalmádena.


Puerta trasera del jardín zen del templo Rioanji (Kioto).

13.1.13

Un altro yo

Matsuo Basho
Estas navidades en Kioto andaba viendo la televisión (nunca mejor dicho, porque me paso todo el tiempo leyendo los subtítulos para sordos que tenemos activados continuamente, para ver si mejoro mi competencia lectora).  Daban un programa en el que una inocente muchachita japonesa, de aspecto un poco naif o anime, va de viaje por diversos lugares del mundo con unas restricciones de dinero que deben solventar ella misma y las donaciones que hacen los televidentes.
Esa noche le tocó buscar habitación para dormir en Bari (Italia).  Con veinte y pocos euros, un inglés esquelético y un italiano inexistente se tiró un buen rato dando tumbos por estaciones de trenes y paradas de taxis sin mucha fortuna.  Hasta que apareció el protagonista de esta entrada.  Era un muchacho joven, de cuyo nombre no logro acordarme, vecino de una ciudad cercana, que hablaba un poco de japonés y que se ofreció a buscarle albergue a la muchacha de los pelos rojos.  En un momento del programa el italiano se declara un enamorado de Japón (donde no había estado nunca) y llega a decir (en italiano ovviamente) que Matsuo Basho es el mejor poeta de la humanidad.  La japonesa se quedó, como los televidentes japoneses y yo mismo, pasmada.  Sospecho que nuestro hombre no iba por esas calles de Bari a esas intempestivas horas por mera casualidad, pero bueno, la coincidencia ya es suficiente.  Que un español medio poeta, admirador de Matsuo Basho, esté viendo la tele en Kioto y se tope con un italiano que dice cosas tan parecidas a las que uno piensa y siente resulta, por lo menos, reseñable o entrañable.
Además, en un momento del deambular nocturno el joven se dio de bruces con la incompetencia y el egoísmo italianos (que deben ser muy parecidos a los españoles) y gritó mientras juntaba los dedos de una mano:  "L´Italia è un paese di merda".  
Afortunadamente al final encontraron donde pernoctar, la japonesa siguió su camino/programa y mi alter ego desapareció para siempre en el laberinto de la parrilla de la programación televisiva.
Fue como un haiku, un trozo de realidad aficcionada sin más moraleja ni trascendencia, tal una rana que saltara a un estanque y simplemente hiciera ruido.