NOS HEMOS TRASLADADO A
29.2.08
La balanza de la izquierda
Si entran en esta página http://www.elpais.com/graficos/espana/Sondeos/estimacion/voto/elpepuesp/20080225elpepunac_1/Ges/ podrán observar un curioso fenómeno. En un gráfico de columnas aparecen varias encuestas de distintos medios sobre las elecciones. Si uno cambia de encuesta se ve que bajan las opciones del PSOE y suben las de IU (o viceversa) con una exactitud casi matemática.
28.2.08
De la felicidad
—Maestro, háblanos de la felicidad.
—La felicidad es como un arcoiris: algo bonito, inaprensible y esporádico.
—La felicidad es como un arcoiris: algo bonito, inaprensible y esporádico.
Del infierno
—Maestro, háblanos del infierno.
—El infierno es el lugar donde te encuentras con todas aquellas personas con las que durante toda la vida estuviste evitando encontrarte.
—El infierno es el lugar donde te encuentras con todas aquellas personas con las que durante toda la vida estuviste evitando encontrarte.
Cita de Bukovsky
De la gente interesante
—Maestro, para oír a una persona que dice algo interesante hay que escuchar a trescientas que no lo dicen.
—Y a más.
—Y a más.
Antropofagia infantil
Ya sabíamos que los niños son dados de natural a comer porquerías. Todos hemos conocido casos de infantes que mascan arena, chupan grasa de moto o beben lavavajillas. Hasta Freud habló de ello, entre líbidos y represiones.
Pero el otro día me di cuenta de que la cosa ha ido ya demasiado lejos. No se trata de que los menores de diez años se atiborren de triglicéridos y se polisaturen de colesterol industrial, es que se te ponen los pelos de punta cuando los oyes pedir al quiosquero:
–Me pone un dedo, dos pies, tres labios y dos ojos.
La imaginación de los moldeadores de plástico comestible se ha percatado del gusto infantil por la antropofagia. Pasaron los tiempos en que el lobo se comía al niño malo. Ahora el niño bueno, el que ha sido premiado por sus padres con unos euros, los invierte en comerse la boca del lobo, a Caperucita y a Charles Perrault si se pone a tiro (o a diente).
Pero el otro día me di cuenta de que la cosa ha ido ya demasiado lejos. No se trata de que los menores de diez años se atiborren de triglicéridos y se polisaturen de colesterol industrial, es que se te ponen los pelos de punta cuando los oyes pedir al quiosquero:
–Me pone un dedo, dos pies, tres labios y dos ojos.
La imaginación de los moldeadores de plástico comestible se ha percatado del gusto infantil por la antropofagia. Pasaron los tiempos en que el lobo se comía al niño malo. Ahora el niño bueno, el que ha sido premiado por sus padres con unos euros, los invierte en comerse la boca del lobo, a Caperucita y a Charles Perrault si se pone a tiro (o a diente).
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