
Hace muchos años todos éramos muy delgados, muy graciosos, muy hirsutos y muy imbéciles. A día de hoy casi todos nos hemos despojados de estos cuatro atributos (unos del primero, otros del segundo y casi todos de todos). En otras palabras, antes éramos unos perfectos adolescentes y ahora somos unos imperfectos señores camino de la mitad de nuestra vida (laboral), que dijo el Dante.
Anoche, tras un largo rosario de aplazamientos de índole diversa, pude asistir a un concierto de "Boleros Imperfectos". Se trata de un trío músico-humorístico, que debe gran parte de su genio e ingenio a Eduardo Retamero, conocido en este blog como "El comentador de Ocaña" (1), quien ha conseguido no desprenderse de la hirsutez, ni de la delgadez, ni de la gracia, pero sí de la imbecilidad, consistente, como todos ustedes saben, en no hacer lo que uno quiere, en dejarse consumir por la frustración y el reconcomio.
"Boleros imperfectos" ofrece gratis (repito, gratis) una altísima calidad literaria y musical, a base de contar/cantar historias divertidísimas sobre el consumismo en la vida marital, el matrimonio del clero, la sodomía batracia medieval, la duración del orgasmo del urogallo o un inculto concejal de cultura que quería ser de urbanismo, que no es lo mismo.
Quienes lo conocen repiten (no se cabía en el Irish Swan de La Cala del Moral). Quienes no, salen con una sonrisa y cara de sorpresa. Unos de éstos me comentó al salir: "¿Y pagaremos dinero por ver a gente que no vale ni la mitad?"
Así pues, ya lo saben, quienes pasen por Málaga y sus alrededores, estén al tanto por si este profesional, pero esporádico trío tiene prevista una actuación y no se la pierdan.